Taller Sie7e

Treguas

“Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado;sobre sus hombros será: Consejero admirable,Dios potente, Padre eterno, Príncipe de la Paz.”(Isaías 9,5)

Invierno de 1914. Hacinados en trincheras, enfermos y hambrientos, los soldados alemanes apenas tenían pocas esperanzas de vida... Luchaban en la más cruel de las guerras: “La Gran Guerra”, la Primera Guerra Mundial; entonces, el Káiser alemán, Guillermo II, en vísperas de la Navidad y para levantar la moral a su ejército, les envió miles de abetos, luces de colores, dobles raciones de pan, alcohol, salchichas y tabaco, para que, aunque fuera por una horas, olvidaran las miserias de la guerra.

Aquel 24 de diciembre se iluminaron las trincheras y los villancicos tomaron el lugar de la metralla;  los ingleses y franceses, atónitos, se unieron más tarde, entonando en sus propios idiomas, “Noche de Paz”.

¿Se imagina querido lector, al alba de aquel 25 de diciembre, al disciplinado soldado alemán y al flemático soldado inglés, salir de sus parapetos ondeando banderas blancas, en total confraternidad?  A pesar de las atroces reacciones de parte de los altos mandos, estos hombres se alzaron victoriosos dando vida, sobre la muerte,  a la esencia y sentido de la Navidad:  la Paz.  

En el mundo entero, cada año, en medio de las aún existentes, absurdas, obsoletas y decadentes guerras, la tregua es, afortunadamente, una tradición.     

Se dice que desde el siglo III se celebra la Navidad, la Natividad o Nacimiento de Jesús de Nazaret, y es una de las festividades más importantes del cristianismo; además, ¡es una fiesta universal!  A la Navidad le antecede el Adviento, como a la Cuaresma la Pascua, tiempos de preparación, de introspección...

¿La vorágine cotidiana de nuestras vidas nos permite la tregua necesaria para realizar este acto tan íntimo y personal? ¿Y qué tal con los otros, con aquellos con los que hemos elegido coincidir? ¿Le damos tregua a nuestras exigencias, intolerancias, apatías, enojos, exageraciones, egoísmos, superficialidades, control, individualismo, soledades y desamor?   Sin la presencia de Jesús  en nuestra casa y en nuestro corazón,  ¿de qué servirían pinos, luces y adornos;  piñatas, dulces y regalos;  guirnaldas, pesebres y pavos y viandas y cánticos y aguinaldos?  La fiesta es de Él, ¡Celebremos el cumpleaños del Divino Niño! ¡Su nacimiento! Y que esta Navidad sea para usted y su sagrada Familia,  vivencia de Generosidad, Gratitud, Hospitalidad, Sencillez, Perdón, Cordialidad, Alegría, Esperanza, Fe, Contención, Optimismo, Confianza y Amor y Paz....

Son mis más altos deseos... ¡Felicidades!