Taller Sie7e

El Cataclismo y otros discursos...

Innumerables comentarios precisa la muerte de Gabriel García Márquez, y no es para menos.  A partir del Jueves Santo no hay medio de comunicación que se atreva a ignorar tal acontecimiento; por lo tanto, quiérase o no, de mucho hemos sido enterados. No tema. Yo no hablaré de su nacimiento en Aracataca o de la gran influencia de sus abuelos que marcó la vida y obra del genio. Tampoco me detendré enumerando las preseas y reconocimientos de que fue objeto, ni de su pleito con Vargas Llosa o de su liderazgo en el “Boom latinoamericano”,  del “Realismo mágico” y “Cien Años de Soledad”. Sabemos que su vasta creación literaria: ensayística, reporteril, novelística, cuentística, periodística y cinematográfica, ha quedado inscrita en los anales de la eternidad. Si usted me lo permite, quisiera que hoy, entremos a su mundo del discurso, aquellos que la Editorial Grijalbo Mondadori  recopilara y diera a luz en el año de 2010, en un libro intitulado:  “Yo no vengo a decir un discurso”;  22 textos que el escritor colombiano pergeñó especialmente para ser leídos en público.  

El  más célebre de ellos quizá sea “La Soledad de América Latina”,  leído por él mismo, el 21 de octubre de 1982, al recibir el Premio Nobel de Literatura.        Quisiera referirme, específicamente, al del 6 de agosto de 1986, que con motivo del 41 Aniversario de la explosión de la bomba nuclear en Hiroshima presento en Ixtapa, Zihuatanejo: “El Cataclismo de Damocles”, el cual, por su vigencia, le comparto algunos fragmentos:“Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los  seres humanos habrá muerto, [...] los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, [...] sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus  recuerdos. La Creación habrá terminado. [...] el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.Señores presidentes, señores primeros ministros, amigas y amigos:Así es: hoy, 6 de agosto de 1986, existen en el mundo más de 50. 000 ojivas nucleares emplazadas. En términos caseros, esto quiere decir que cada ser humano, sin excluir a los niños, está sentado en un barril con unas cuatro toneladas de dinamita, cuya explosión total puede eliminar 12 veces todo rastro de vida en la Tierra. La potencia de aniquilación de esta amenaza colosal, que pende sobre  nuestras cabezas como un cataclismo de Damocles, plantea la posibilidad teórica de inutilizar cuatro planetas más que los que giran alrededor del Sol, y de influir en el equilibrio del Sistema Solar.

”En el transcurso del texto, de forma clara y contundente,  menciona como único consuelo, que la preservación de la vida humana en la tierra sigue siendo todavía más barata que la peste nuclear; así, la asistencia infantil y materna, la alimentación, la salud, la educación y la deuda externa del tercer mundo, podrían ser solventadas con una mínima parte de lo que se invierte en armamento.“Lo único que puede salvarnos de la barbarie: una cultura de la paz.”“La carrera de las armas va en sentido contrario de la inteligencia, y no sólo de la inteligencia humana, sino de la inteligencia misma de la naturaleza.” “Para tratar de impedir que eso ocurra estamos aquí, sumando nuestras voces a las innumerables que claman por un mundo sin armas y una paz con justicia.”Y termina diciendo: “Con toda modestia, pero también con toda la determinación del espíritu, propongo que hagamos ahora y aquí el compromiso de concebir y fabricar una arca de la memoria, capaz de sobrevivir al diluvio atómico.

Una botella de náufragos siderales, arrojada a los océanos del tiempo, para que la nueva humanidad de entonces sepa por nosotros lo que no han de contarle las cucarachas: que aquí existió la vida, que en ella prevaleció el sufrimiento y predominó la injusticia, pero que también conocimos el amor y hasta fuimos capaces de imaginarnos la felicidad. Y que sepa y haga saber para todos los tiempos quiénes fueron los culpables de nuestro desastre, y cuán sordos se hicieron a nuestros clamores de paz para que esta fuera la mejor de las vidas posibles, y con qué inventos tan bárbaros y por qué interese tan mezquinos la borraron del Universo.”Aleccionador, estremecedor, conmovedor y actual... ¿no lo cree?  ¡Gracias Gabo!, por venir a “movernos el tapete” contra la ceguera y la indiferencia;  por Macondo;  por tu lucha social y tu denuncia;   tu valentía, tu generosidad y por amar a México y quedarte a vivir aquí....Y a usted, lo invito a que reflexionemos y a leer el discurso completo, ¡Es memorable!