Amador Rodríguez Leyaristi

Festival Tercermundista (En Busca de Kleinburg)

Cierto es que a lo bueno se acostumbra uno con gran facilidad y luego, qué trabajo cuesta regresar a las mediocridades en las que, en general, vive nuestra política cultural desde hace bastantes años.

Acostumbrados como estamos a una adecuada programación y muy dignas producciones del Teatro del Bicentenario, se nos olvidó que en este país eso que pasa en nuestro recinto leonés no es la regla sino precisamente la excepción. Con un evento del Cervantino tuve ocasión de regresar –dolorosamente- a nuestra triste realidad cultural.

El miércoles pasado acudí a escuchar un Requiem de Verdi en el Teatro Juárez con la Sinfónica de Puebla y un Coro del mismo Estado y al ocupar mi lugar en el recinto comenzaron las sorpresas: En mi butaca encontré dos documentos: Un Programa de mano impreso en papel de una calidad solamente un grado superior al papel de estraza, de ese que se usa para hacer cucuruchos y una especie de papeleta de votación que me pareció incomprensible en la que se lee textualmente: “Verdi vs. Wagner, vota por tu favorito”.

Al abrir el programa descubro dos curiosidades lamentables: La primera, que los nombres de los movimientos o secciones de la Misa no están escritas en latín sino en ¡inglés! –así podemos leer términos como Introit, Sequence, Offertory o Communion- acaso como un homenaje de Jorge Volpi al idioma de los gringos que un día antes nos habían devuelto a la vida en lo que verdaderamente importa a los mexicanos, el futbol.

Y otra curiosidad-atropello más: En ninguna parte del raquítico programa aparece el nombre de los cantantes solistas participantes, lo que tuvimos que conformarnos con que treinta segundos antes del inicio y sin respeto alguno, por el sonido del Teatro se informó quienes eran la Soprano, Mezzo, Tenor y Bajo que lo interpretarían. Menos mal que el nombre de Fernando Lozano si alcanzó a aparecer en letra impresa en el cucurucho de referencia.

Ahí es donde empecé a extrañar los programas de mano del Bicentenario, con las documentadísimas monografías de Anne Delécole, con la referencia curricular de los participantes y sus fotografías, así como con los textos correctamente escritos; ¿tanto trabajo les costaba a las huestes de Volpi realizar un trabajo siquiera parecido?...

Ahora bien, volvamos a la frivolidad de las papeletas de votación. En un evidente guiño volpiano al populismo ramplón que nos invade, nos pide elegir entre dos monstruos de la música como si fuera una especie de concurso de Televisa y como si nuestro voto aclarara algo. O acaso ¿al final del Festival alguien va a anunciar “al ganador de esta pelea” por decisión dividida o por nocaut?