Hurgar con catalejos

La víspera

Siempre me ha llamado la atención la poesía, cómo un instrumento apto para relatar las realidades del mundo y las tribulaciones que propicia la construcción de un mundo cultural, que  terminan por acallar o pretender acallar, a la llamada poesía.

¿Cómo una ciudad que a fines de los años 70°s  tenía dos millones de habitantes y hoy llega casi a siete millones ha permitido pervivir a poetas memorables?  Lo más notable de Guadalajara no son sus cimas, sino sus depresiones, escribió Juan José Doñan en su libro: Oblatos Colonias. Una guía clara y útil en materia de introducción cultural, para los foráneos, que ignoramos el sentimiento indiscutible de ser Chivas; un movimiento que no editó, plaquettes, revistas, ni panfletos y tuvo su momento de mayor producción entre mediados de los años 50s. y 60s. Coincidiendo con la llegada a nuestro país de los beats , los cultores de la contracultura, con gestos dadaístas; la revista el Corno Emplumado, dirigida por Sergio Mondragón y Margaret Randall, a mediados de los 70s. Fue la encargada de dar a conocer a un gran número de poetas.

En dicha Revista, aparecieron los primeros poemas de Juan Martínez, poeta jalisciense que tenía muchos puntos de contacto avant lettre con el grupo beat. De ahí, se nutrió Enrique Macías Loza, una de las vertientes más fecundas y bizarras del discurso poético, que fluye por los causes de esta ciudad, convertida en Zona Metropolitana. Ricardo Castillo y su Pobrecito señor “X”: gambeteó  la insurrección contra papá Guille, enfrentó tiempos y la ciudad que le tocó vivir. José Ruiz Mercado con más de 25 años en la dramaturgia y una multipremiada: “phklmania” que le permite decir ufano “y nunca he estado en Nueva York”. 

Quienes lean estos tres poetas formarán su criterio. Yo, sin entrar en honduras que requieren más o un bisturí eléctrico que cauteriza la herida en el momento mismo de producirla; paso, (a sabiendas de lo frágil que son las divisiones) a citar a tres poetas que han ido reuniendo y publicando distintos volúmenes de poesía: Adriana Leal, pasión y poesía, fluir elegante que corroe las certezas de cierta morosidad descriptiva de la añorada programación de Señales de humo, disco ilocalizable, pero referente obligado para los amantes de la poesía, oral.

Erika Ramírez Diez, que reniega de las poéticas anteriores y se lanza una expresión novedosa para las mujeres de la ex perla de occidente.

Blanca Batiz, que habita e ilumina con voz particular la gran casa de la poesía tapatía.

Esto que les platico, cobra relevancia especial, porque ahora una de las manifestaciones más dinámicas de la poesía, el  performance, que desde hace no más de diez años se ha desarrollado en el país, especialmente entre los jóvenes, y tiene su nacimiento en los años 80´s en Chicago, U.S.A con Marc Kelly Smith. Puede decirse que es una expresión de la poesía oral o spoken word, como se le ha conocido en otros países, pero sobre todo, que es una poesía, que visitó la estación del tren ligero de Guadalajara para dejar CONSTANCIA de la necesidad de descubrir el arte. 

@aaperezcas onevladitos@hotmail.com