Hurgar con catalejos

Un solo de tres

Los descendientes de la cultura Occidental grecolatina, del hombre del paleolítico, del que dejó constancia de su paso en las pinturas de Lascaux, Altamira, y Parpalló, con la finalidad de evitar una interpretación parcial de su práctica cultural, han pasado de la complejidad de los objetos de la investigación científica, a la investigación compleja y variable de su propia realidad:  En el canon Occidental, al igual que en otros textos, Bloom recurre a alguna parte de la biografía de los poetas, a las comparaciones intertextuales, al contexto sociocultural y político, sin que estos sean preeminentes a la hora de la interpretación.

Al privilegiar como objeto de estudio la dimensión discursiva del arte, estamos adoptando la sugerencia teórica que remite la especificidad de la cultura al ámbito de las significaciones, a la “semiosis social”. En poesía una vez que se ha logrado el poema, es necesario hacerlo circular para confrontarlo con otras formas de percibir la realidad. Para hacerlo accesible a la mayoría y convertirlo en memoria de una experiencia humana colectiva. 

Toda esta  labor logró plasmarla Arturo Verduzco, en su libro: Un solo de tres. Libro que se convierte en signos con múltiples y contrapuestos significados.

¿Qué tranza tenebrosa esconde el libro?

La pregunta tiene la pertinencia de remitirnos a uno de los problemas elementales del ser humano: la configuración  y transformación de los sistemas de representación que funcionan como matrices de asignación de identidad.

“y no siento todo eso nada más por pendejo porque también lo siento con inteligencia que razona con dolor que no tiene llena”

Arturo Verduzco, el poeta, establece estrategias puntuales de ruptura con los componentes estéticos, ideológicos y culturales de la poesía jalisciense, que se constituyó en discurso dominante de la primera década del siglo.

“mientras otros quieren partir, a mirar el estiércol de otros lados yo me conformo con el monótono arrugarse de la mierda que avanza como magma larvario por mis calles apestando la vida, chingando los paisajes.

Verduzco pelea con un yo lirico, que comenzaría por un uso “coloquial, vulgar y callejero” a partir de la des-subjetivación del poema y del poeta como ser privilegiado.

“me comporto como empleado de guardería, hice caricias a tu perra, contemple tus sofocadas axilas, atendí al reloj que cual puntual terapeuta irrumpe las palabras”

La tradición, en esta perspectiva, no es más que supervivencia en presente de aquellos segmentos del pasado que vale la pena conservar en función de la supervivencia de los valores que sostienen.

Un solo de tres, de Arturo Verduzco con prólogo de Ricardo Castillo y fotografía de Teresa Margolles, invita a negarse a aceptar la normalidad ciega, a no resignarse a ser anticipo de cadáver, en un país que los límites de corrupción y violencia llegan a niveles difícilmente soportables.  Así de frágiles,  así de fuertes. Lo cual constituye núcleo de otro debate. 

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