Hurgar con catalejos

‘Opinio communi’

¿Qué significa la presión colectiva, para la evaluación de Políticas Públicas Culturales? ¿Es generar un espacio de diálogo, intercambio, discusión y reflexión sobre diferentes enfoques, estrategias, metodologías y retos para la evaluación de políticas culturales? O por el contrario, la cultura es el pretexto perfecto para dejar de reflexionar sobre el bienestar colectivo en las condiciones del contexto neoliberal que vivimos la globalización. Globalización que no existía en el pasado como las redes sociales, la ciudadanía digital y el ciberespacio, esto para hablar de una época en que no existía Secretaria de Cultura Federal.

El territorio cultural ha sido descuidado y para discutir problemas relativos a la cooperación entre autoridades, actores sociales y la tensión que existe; se judicializa o aplica una técnica posposición que obliga a pensar que todo ha sido reino de la improvisación.

Ciertamente, exige innovación, ya que la globalización nos enfrenta cada vez más con un viraje radical en las formas de creación y comercialización de los productos culturales (una manera diferente de definir formas de producción) que surge con la era digital: como pensar a la comunidad cultural, abandonada, a ser en el mejor de los casos, un producto de sentido ornamental que forma parte de los proyectos de desarrollo.

Es importante mencionar que obtenemos respuestas totalmente diferentes para una misma pregunta, baste con citar el trance amargo en que navega la Orquesta Filarmónica de Jalisco, para ejemplificar la carencia de una política cultural del Estado.

Otro ejemplo, este a nivel municipal, Red de Ciudades Creativas de la UNESCO, se estructura en torno a siete redes temáticas a las que se asocian las ciudades en función de sus preferencias, comprometiéndose a invertir su energía y su talento. Los temas son: Literatura, Cine, Música, Artesanías y Arte Popular, Diseño, Arte Digital y Gastronomía. Al ingresar en la Red, las ciudades se benefician de vínculos solidarios de colaboración para promover las industrias culturales, así como para compartir prácticas que permitan estimular y diversificar su cultura y su creatividad e integrarlas como factores estratégicos del desarrollo económico y social.

La cultura política democrática no es un asunto de mínimos o máximos, es más bien un proceso en búsqueda de ciertas certidumbres que se traducen en aprecio o al menos aceptación de la democracia como forma de resolución pacífica de conflictos sobre la base de reglas básicas.

Ni más ni menos que eso. De ahí, que los creadores exigen para sí, la satisfacción de poner en claro la función practica de aquellos intereses y necesidades que están en juego para responder al escepticismo en la acción estatal, ya que, lejos de haber producido una sola cultura mundial, la globalización ha demostrado que el concepto de cultura implica la coexistencia de diferentes culturas, para el ejercicio de esas libertades; medidas para velar por el derecho a beneficiarse del progreso científico y a tener acceso al patrimonio y los conocimientos culturales; medidas para permitir que las personas y los grupos se ocupen de los cambios culturales y los administren de manera participativa.

@aaperezcas  o nevladitos@hotmail.com