Hurgar con catalejos

La novela de las industrias culturales

La Secretaria de Cultura del Estado de Jalisco continua en su afán de amenizar sus soliloquios, sin siquiera molestarse en ocultar la pretensión de convertir su gusto en ley y para ello ha recurrido a convertir los organismos de consulta ciudadana en campos de batalla, donde dirimirá sus diferencias satanizando a aquellos que no comulgan con su opinión, y posponiendo lo importante.

La ciudadanía cultural de Jalisco con democracia podría expresar libremente y sin ataduras de ningún tipo,  un Estado de Bienestar,  posible de alcanzar en  el ámbito cultural, y servir de referente, para los creativos, los gestores culturales y hasta algunos mal intencionados que generan fuerte polémica por los retrasos en la aprobación de reglas de operación de la Ley de Mecenazgo del Estado de Jalisco, así como las Reglas de Operación del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, (CECA).

La distribución (nula) de la revista Cultura,  es un inocultable mal ejemplo, y deja entrever, en lugar de divulgar las acciones de cultura de la Secretaria del ramo,  una relación más concreta y práctica de descalificación donde priva la concertación, el pacto [entre elites] y la no institucionalidad, que se manifestó desde el principio de la actual  gestión con manifestaciones, como las de los grupos de teatro de la zona metropolitana de Guadalajara, por la utilización de los espacios públicos, el Salón de Octubre, en artes plásticas, y las actuales reyertas al interior del CECA, entre los consejeros de teatro.

La democracia, a diferencia de toda forma de gobierno autocrático, “es caracterizada por un conjunto de reglas que establecen quién está autorizado para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimientos”. Las democracias existen para satisfacer un mínimo procedimental, que es necesario a tal grado que se garanticen los siguientes elementos o “ingredientes”: la participación ciudadana del mayor número de gente interesada en hacer actos de presencia en la vida cultural de nuestro Estado; la regla de la mayoría, es decir, tomar como el criterio central para las decisiones políticas, la opinión de las mayorías; con esto se lograría la selección entre diferentes elites; y la protección de los artistas, gestores e interesados en la vida cultural de nuestro Estado.

La secretaría de cultura, Dra. Myriam Vachez Plagnol,  sin escuchar voces autorizadas como las de  la crítica de arte, Avelina Lésper, Columnista de Milenio, medio que se ha caracterizado por actuar con independencia y llegó a criticar incluso el afán de vulgarizar la cultura,  “se llega al vicio de ingresar la baja cultura en la alta cultura”. Pone como ejemplo un festival de arte, que debería emplear todos sus recursos en aproximar las masas a la alta cultura. Sin embargo, las instituciones, tanto públicas como privadas, “prefieren decir que es un bien cultural hacer un concierto de Lila Downs o del hijo de Vicente Fernández. El Estado gasta millones de pesos en eventos que atraerán a un público mayor, pero el objetivo no debería ser ése”.

@aaperezcas

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