Hurgar con catalejos

A los maestros en su día

A Don Juan de la Cruz Pérez

Fdez. (I.M.)

Pareciera ser que hay, al menos, un consenso básico respecto de los fines últimos, los mínimos indispensables que toda educación de calidad debiera alcanzar, a saber: a) una oferta disponible; b) servicios que además de estar disponibles, cumplan con ciertas características básicas, que permitan ser aprovechados por las personas; c) una oferta pertinente y relevante con independencia de la población que se atienda y d) el logro educativo.

En  charlas informales con algunos maestros del medio local; maestro Raúl Orozco, el maestro Magdaleno Velarde, y el candidato a doctor Miguel Ángel Pérez Reynoso; coincidimos en afirmar que el reto mayor para la política educativa mexicana actual es la formación de nuevas capacidades docentes, lo cual supone tres componentes básicos: primero, nuevas competencias que se traducen en conocimiento, habilidades y actitudes que se requieren; segundo, nuevos recursos, que involucran no solo dinero o tecnología, sino también, ideas y experiencia; y tercero, nuevas motivaciones que aluden a las energías que los docentes puedan desplegar y comprometer para enfrentar los retos de equidad y calidad educativa.

Sin embargo, el reto de lograr una educación con más calidad supone también la consideración de aquellos factores que tienen que ver con la creación de un clima de tolerancia y respeto en el ámbito escolar; el combate a todo tipo de discriminación.

Es importante precisar que la mayoría de las iniciativas pretenden modificar o adicionar el artículo 47 de la Ley General de Educación con la finalidad de que la educación que impartan el Estado, sus organismos descentralizados y los particulares además de fomentar los fines establecidos en el segundo párrafo del artículo 3o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, también le corresponda, una nueva relación entre S.N.T.E. y la S.E.P.

La transición democrática como una dimensión histórica en la que el régimen autoritario de partida ha perdido sus características, sin adquirir del todo los nuevos aspectos del régimen democrático llegada, al menos para educación.

  El Plan Nacional de Desarrollo afirma que, para alcanzar sus grandes propósitos, se necesitan acciones capaces de transformar radicalmente los esquemas tradicionales de gestión, y añade que no se trata de un proceso de mejora gradual y paulatina, sino de generar rápidamente los cambios profundos que nos permitan recuperar el tiempo perdido y la capacidad de respuesta para atender con prontitud y eficacia las necesidades de la sociedad.

El reto de forjar un buen sistema educativo  no es una tarea que pueda realizarse por decreto o atendiendo a una tendencia mundial, sino que demanda un trabajo serio y persistente.

Lograr que el sistema educativo nacional pase de la situación prevaleciente a la que reclama la OCDE  no es sencillo ni puede lograrse en poco tiempo. Una administración federal comprometida no es suficiente, es necesario el esfuerzo sostenido de toda la sociedad. Los cambios deben darse progresiva pero firmemente, con base en programas de trabajo que comprometan a todos los niveles de gobierno y a todos los actores del sistema, no únicamente a los maestros. 

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