Hurgar con catalejos

Un libro de amor y otro de cuentos / II de II

Mencionaba en la columna anterior que se lee poco y mal, sobre todo a aquellos que trabajan con jóvenes con talento, a los que ayudan a difundir, bien, una cultura que busca romper con la retórica corporativa del vacío de sentido.

Berónica Palacios Rojas, poeta y cuentista, cometió la osadía de asumir la profesión de editora, desde la contravía. Debió ser un capricho suyo, ella llegó de Chapala y regresó a Chapala, donde ahora vive a fundar un reino, el reino del verbo: Papalotzi, una revista cultural que extendió sus alas hasta alcanzar, con motivo de las actividades que conmemoraron el 454 aniversario de la fundación de Lagos de Moreno el IV Encuentro de Poetas Francisco González León, que se efectuó los días 24 y 25 de marzo en la Casa de la Cultura de Lagos.

Hoy vamos a hablar de Remanso de mil aguas, un libro de breves relatos que describen en muy pocas pinceladas una literatura de filosas aristas donde cada historia, cada personaje, cada mundo, es rotundo; pero además produce la sensación de que se esté leyendo literatura, y no visitando una galería de perdedores con falta del sentido del ridículo, parodiadores de algo que bien cabria en la etnografía de la resignación: “Encuesta de hábitos de lectura, consumo de libros y otros bienes culturales”. Quizá la tiranía de una tradición impresionista, donde nadie permite una cacofonía.

Eraclio Zepeda, un autor de cuentos memorables, quien no recuera el volumen titulado Benzulul, cuentos enmarcados dentro de lo que la crítica denomina el ciclo de Chiapas, y que incluye entre otros autores a Rosario Castellanos. Ambos escritores tratan sobre todo del mundo indígena. Universo reducido al parecer, a la narrativa regional, con garra literaria, pero para sorpresa de críticos y académicos, los grandes cuentos provienen de la observación de los procesos y fenómenos naturales, toda aventura nace, casi siempre, de la aspiración a una vida mejor. Aspiración compartida por rarámuris, na´ayeris, wixaritaris, tzales, y todos los usuarios de nuestras lenguas nativas, que solo poseen la desgracia de buscar prosperidad, en alguna mancha urbana; ciudades que una vez metropolitanas,  devienen en capitales del espectáculo y donde los funcionarios de cultura luchan por borrar las influencias, indígenas, españolas y los enclaves de los migrantes del campo nacional.

Berónica Palacios Rojas, habla de desengaños, metáforas y todo recuerdo, lo toma como una responsabilidad, para hacer una anecdótica conversación, con palabras de la tribu.

Las individualidades son imanes que atraen la corriente de quienes ni coinciden en sus propuestas, ni en la cronología y la historia literaria.

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