Hurgar con catalejos

La historia se repite

La historia se repite y como si nos encontráramos en tiempos de Santa Anna, a los que eufóricos proclaman su victoria hay que decirles la verdad: los políticos son los que deciden,  que legislan a qué destinaremos los esfuerzos,  los investigadores y los ciudadanos a decir lo que están haciendo y lo que nos están escondiendo, un montón de cosas que mañana tendremos que pagar.

Entre las palabras más usadas por los nuevos gobernantes están: Reforma Educativa, Reforma en Telecomunicaciones, Reforma Energética y Reforma Laboral. 

La Nación, indefinida y misteriosa representación cuyo significado ya han deformado los que aunque estén separados de manera formal, son manejados por el Poder Ejecutivo, tal como se hizo en el mal llamado pacto por México, que olvidó lo que dice el artículo 39 constitucional: La soberanía nacional reside originalmente en el pueblo.

Por lo pronto, si algo debe sostener a las instituciones democráticas, es la autonomía de los órganos jurisdiccionales, de ahí la callada lección del ausente presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,  en el acto de promulgación de las leyes secundarias de la Reforma Energética.

La recesión y sus infaltables terapias (lea reformas estructurales),  no permitirán aumentar el valor de la producción de bienes y servicios en el corto plazo, no permitirán revertir el bajo  ritmo  de crecimiento  económico que mantiene a millones de mexicanos en la pobreza. Se habla del 50% al 60% de la Población Económicamente Activa (PEA) en la informalidad, aproximadamente 32 millones de mexicanos que no encuentran trabajo digno, cifra deplorable, que  no permitirá ni presenta alternativas para revertir la crisis, pese a la Reforma Laboral aprobada.

La actividad económica está lejos de la normalización y sus tasas próximas al territorio deflacionista. Si tomamos en cuenta que las reformas van en su mayor parte en dirección de una mayor apertura económica,   ninguna en pro de una mayor apertura democrática, concluiremos que la formula sigue siendo la misma utilizada desde 1929 cubrir a todo México bajo el gran manto del Estado.

Dirá,  amable lector, como afirma un dicho popular: En una crisis, mientras unos lloran, otros venden kleenex. La deuda pública,  ese otro impuesto de los mexicanos a partir de la crisis 1994, usó un esquema basado en señalar como fuente de pago la factura petrolera, para responder por las peripecias del uso de crédito público, y ya ve, Vicente Fox Quezada, y Felipe Calderón no encontraron entre tanta palabrería justificación para negar lo evidente: México no ha sido capaz de crear empleo digno para sus ciudadanos.

Cuando la información que reciben los ciudadanos es  tan contradictoria y machacona, termina por provocar controversia y no aclara quien es el beneficiario de las decisiones que la cámara de diputados diseñó para instaurar y mantener el poder de aquellos que debían ser representantes al servicio de la sociedad que han convertido en súbditos.

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