Hurgar con catalejos

Sin hacer "réquiem"

Hace setenta años, Rulfo comenzó a participar en los trabajos de la revista América, en la que figuró como integrante del consejo de redactores. En esta publicación, el 30 de junio 1945, apareció el primero de sus cuentos: La vida no es muy seria en sus cosas. A su publicación, siguieron en julio y noviembre del mismo año  Nos han dado la tierra y Macario. Ambos en la revista Pan, que fundaron Juan José Arreola y Antonio Alatorre.

En 1953, cuando Rulfo publicó El llano en llamas, Agustín Yáñez era gobernador de Jalisco;  Beckett publicó Esperando a Godot y Barthes, El grado cero de la escritura.

Después aparecieron los grandes clásicos modernos; Onetti, Cortázar, Vargas Llosa y Gabriel García Márquez.

La inestabilidad política parece inhibir el mapa de las libertades, y la violencia se prolonga,  recrudeciendo la persecución y desde luego la descomposición de la experiencia humana, que ha vuelto inhabitable el campo nacional.

La creación literaria no ha sido ajena a estos reajustes de orden económico y político; y sin pretender reducir la literatura a la condición de un documento que refleja directamente lo que acontece en la vida social, ante nuestra mirada y miseria, en estos momentos de extravíos y búsquedas de forma de coexistencia que ya no respondan a la lógica del mercado, celebro con optimismo la aparición del libro de Rodrigo Ruy Arias Pavana para un difunto viviente.

El libro pone en juego dos posiciones: el pesimismo humanista y el optimismo tecnológico. El escenario de sus cuentos es el mismo Jalisco de los cuentos de Rulfo y de Yáñez.  A quien por cierto, Arias dedico un estudio exhaustivo que le sirvió de trabajo de tesis para obtener el grado de Maestría en Lengua y Literatura Mexicana.

La narrativa de Arias, está formada por textos que ponen en tensión la cultura de la palabra y la cultura visual, queda pues comprendida en la práctica del hipertexto, entendiendo, por tal, una práctica hibrida que mezcla el arte de la palabra, imagen cinematográfica y música. Un libro de reconexión con la tradición underground que reivindica el derecho a la marginalidad frente a los sistemas autoritarios y logocéntricos -por su rechazo institucional-, a la lógica extendida del happening y los twitt relatos que marcan la moda.

Si es sabido y aceptado de manera general que los poetas, cuentistas y novelistas son los que practican y ejercen de manera continua la imaginación y la fantasía, lo mismo habría que decir por cierto de los hombres que ejercen la música, el arte que desempeña un papel de primer orden en el despliegue de la imaginación que logra el autor de Pavana para un difunto viviente y sirve como vehículo de persistencia y sueños y por lo tanto como una referencia insoslayable para literatura de Arias, columnista musical de MILENIO JALISCO, como acertadamente lo hace notar Eduardo Razón, en la contraportada del libro.  La obra se enriquece con la colaboración de la pintora MaritaTerríquez en la portada.

Te espero en quince días para continuar hablando de literatura jalisciense.

 

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