Hurgar con catalejos

La espera del momento poético

Si hay un escritor que ha logrado acreditar una voz singular en la poesía, saturada de réplicas perfectas,  es el poeta-pintor, Juan Martínez,  (Tequila, Jal., 1933 – Guadalajara 2007).

Amigo de los poetas beats, Philip Lamontia, Margaret Randall, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, y de Sergio Mondragón, Homero Aridjis y otros. Fue él quien presentó a Homero Aridjis a Octavio Paz.

Para Juan Martínez, la auténtica rebeldía consiste en dar fe del resplandor de la materia. De hecho, En las palabras delvientoplaquette aparecida 1959, en las ediciones Cuadernos del Unicornio que publicaba Juan José Arreola, se advierte una fusión de las distintas vetas que coexistieron obra poética de plasticidad, imagen y precisión singular de la palabra, cuya fuerza parecería inclinarse hacia la abolición del tiempo, hacia la intuición en el fiel inmemorial de la balanza, donde la condición humana resuena en versos que hay que sentir expresar la alegría, la incertidumbre y finalmente la conmoción del poema. 

Loa antiguos dirigían sus preguntas hacia lo que hay; en cambio los modernos decidieron invertir el procedimiento sin conseguir jamás ponerse de acuerdo, quizá, porque su pensamiento es un prodigioso salto especulativo, que vive de monstruos conceptuales, que recorren una larga serie de antinomias y es bueno recordarlo ahora, en verano el mundo puede cambiar muy rápidamente.

La llamada literatura de consumo resulta asfixiante, su incremento de imágenes es un terreno mixto cruzado por el performance y el spoken Word.

La poesía de Juan Martínez no es una catarata, corriente o aproximación, interpela y eso es lo que provoca, eludiendo la etiqueta que suele colocar la academia, antes de pesar a garrote vil a cualquier disidente.

La tradición era una sola, homogénea y vertical; ahora es múltiple mestiza y barroca. La nueva generación de poetas rechaza toda norma, todo canon y ese es el germen de sus propias insuficiencias, y, admisible su proyecto contra la homogeneización   mundial, ya no hay credibilidad en el progreso,  la razón o la ciencia.

En las Palabras del Viento

¡Generación¡

Oíd vosotros la palabra

del viento que habla

por el hálito de mi nariz.

Olvidado el mundo de su atavío,

y el pájaro de

su concupiscencia

encontré la sangre esparcida

del alma de los

pobres y de los inocentes,

y no la hallé precisamente en

excavaciones,

si no en todas estas cosas que

tocamos a diario

con nuestra mirada,

mis entrañas encendidas

clamaron y guardé su

enojo para siempre.

La lección del valle es también la lección de la vida, escribe Javier Sicilia, en la plaquette, que Molinos de Viento, No. 44  de la Universidad Autónoma Metropolitana  editó 1986.

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