Hurgar con catalejos

Tres años vs la cultura

Compañera, Ma. Guadalupe González Gómez, al igual que todos los compañeros trabajadores de la Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz, la acompaño en este trance amargo.

Jalisco es el estado donde está gran parte del alma mexicana al ser cuna del tequila y del mariachi.

Así de rocambolesco, es el trienio que Jalisco y sus legisladores evaluarán, a partir del primero de febrero, para inaugurar la carrera por la gubernatura 2018. Claro, no olvidemos que el parto traumático que supuso la transición Jalisciense, no incluyo al Auditor Superior del Estado, y como cada año, los legisladores tienen pendiente la reingeniería financiera de la nómina del Congreso del Estado.

Otro hecho, igualmente trascendente, es la falta de protección que tienen los artistas jaliscienses. Para vivir una vejez digna, los músicos, los pintores, los actores y hasta los poetas, tienen aspiraciones y metas de confort mínimo, por su trabajo desinteresado. Adscribir a este grupo a un tiempo presente, es borrar con un click, como lo hicieron con los veteranos de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, y como lo pretenden hacer con el personal del C7 canal cultural de todos los jaliscienses.

El arte tan dueño de exquisiteces y singularidades, ha roto con las formas de cooptación, control y extorsión que de manera peculiar, ejerce la Secretaria de Cultura a través del CECA.

Los embabiamientos y cacicazgos presupuestales que con evidente afán de continuar con el proceso privatizador de la cultura, se producen en Jalisco, cobran una velocidad vertiginosa, que termina por producir, como la nieve, la certeza de que no hay tiempo para transformar las relaciones artistas-estado en el barquillo de los infantes y de los mecenas.

Estos se han vuelto invisibles, firmas que abajo firmantes, no logran cumplir ningún rol en el nuevo esquema de las industrias culturales, tan boyantes en la globalización de Jalisco.

El arte debería dar lugar a un dialogo sensato y racional, no para disfrazar la pobreza y desigualdad imperante en todo el Estado, como hasta ahora, que ante la falta de una política cultural, televisa dicta por donde seguir avanzando, en el camino de la privatización irracional de nuestras instituciones, el disfrute de la cultura es un derecho no privativo, como lo pretenden quienes tratan de trasladar al gobierno la responsabilidad de la búsqueda de soluciones, olvidando que existen órganos de consulta para definir una política cultural.

Los legisladores deben de proveer y hacer las leyes que regulen tantas acciones dispersas, que terminan por inmovilizar a la ciudadanía y potencian la incultura y marginación que promueve televisa a través de programas como operalia, recitales con valses en el viudo oscilar del Degollado, y desatinos como salón de Octubre y muestra estatal de teatro. Espectáculos al fin.

El arte es una explicación de lo colectivo, donde la memoria conserva y transmite las ideas y las acciones necesarias para la sobrevivencia como especie, y no como credencial académica, sus obras deben ser comprendidas como reflejo de la organización social, y no como decisión judicial que limita al pago de salarios, a los productores de arte y los encargados de dar la espalda a quienes buscan nuevos cauces a estas manifestaciones.

@aaperezcasnevladitos@hotmail.com