Hurgar con catalejos

2015 año de elecciones o simulaciones.

México vive simultáneamente en varias "edades históricas-sociales". Según la región que se considere y el grado de desarrollo de las comunidades mismas. Aquí en Jalisco uno puede pasar de la "civilización globalizada" de la Zona Metropolitana de Guadalajara, a las zonas de expulsión intensiva de mano de obra de trabajadores en la zona alteña de nuestro estado, o a la zona de inmigración temporal de trabajadores agrícolas en la región de Autlán, donde la inmigración temporal trae con los trabajadores agrícolas, una herencia cultural que no hemos asimilado y los cosechadores temporales vienen a ocupar el rol de explotados, ya que lo único que poseen es su capacidad de trabajo y subsisten gracias a la venta del trabajo de toda la familia como mercancía, mal pagada y sin prestaciones sociales.

Para ellos no existe acumulación capitalista, no puede diferenciarse y expandir valores y aspiraciones. Les basta un mínimo necesario para reproducirse y aceptan normas de contratación irregular de trabajo e irregularidad jurídica, que no acepta límites a la explotación.

Recurrir a la óptica proletaria, para pensar acerca de esta problemática es una solución simplista, ya que no existe inconformismo en las condiciones de vida de localizadas en los campos de cultivo. En consecuencia, está no contribuye a adecuar la teoría de las clases sociales y de la lucha de las condiciones concretas de capitalismo dependiente que se vive en la zona sur de Estado.

Aún más dramática es la situación de las comunidades Indígenas del norte del Estado. Da la impresión que en esos sitios de lenguas incomprensibles, y desprovistos de todo servicio público, con un comercio incipiente y sin servicios de salud, el reloj escapo del reino de las cifras y las medidas. Dejó repentinamente de ser parte de la historia de la humanidad. Y esas alteridades jaliscienses pueden ser generalizables a todo el país. El mapa contemporáneo de México no podría ser de otra manera, sobrevive el desprecio a los "pinches indios", esas personas a las que nadie quiere, nadie quiere sabor como piensan ni cuántos son, el individualismo, bandera neoliberal de desregulación y destructor de las instituciones sociales. Ve en ellos un obstáculo a la lógica del mercado, al ideario liberal aplicado en el siglo XVIII por las burguesías europeas, principalmente la inglesa, donde el utilitarismo se volvió religión, y la intolerancia del gobierno política.

Su concepción del Estado poco intervencionista, veía a los gobernantes como administradores al servicio de la comunidad; si misión consistía en asegurar el bienestar y la prosperidad.

Montesquieu, con su obra: El espíritu de las leyes, consolida el liberalismo político: la teoría de la separación de poderes se convirtió en un dogma, pero en nuestro país la lluvia reformista dejo sin vigencia dichos postulados. Ahora en 2015, con todas las campañas políticas, será ne- cesario imaginar una democracia política donde la propiedad no sea la moneda de negociación de la condición humana.

Feliz año y una experiencia diferente en la vida democrática de las instituciones.

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