Hurgar con catalejos

Ricardo Castillo "El pobrecito señor X"

Siempre me ha llamado la atención la familia. Sus símbolos emblemáticos, el par dicotómico, “padre” y “madre”. Ésta, sin embargo, no es la única posibilidad, aunque si las más inmediatamente presente dentro del imaginario moderno.

Ricardo Castillo (Gdl., 1954) escribió un librito que a pesar de su tamaño fue y es un best seller afuera de los cubículos universitarios. Y es cierto, para muchos de nosotros, lectores que estudiamos otra cosa, y fuimos vacunados contra las grafías y la especulación puramente teorética, de la literatura altamente especulativa. La realidad se inicia en un punto de la conciencia que incluye lo Otro y representa el conocimiento ontológico de un destino superior en el que lo Otro se identifica con Dios.

Esta propuesta suena sensata, aunque idealista, y es que Ricardo Castillo publicó en 1976 un librito en la editorial CEFOL en el que sostenía que las instituciones sociales ya no funcionaban, y no siguió en ese camino, incluso, busca refugio en la academia y ha enfocado sus esfuerzos en mantener un bajo perfil literario como poeta.

Pero ante una situación sin incentivos o castigos, que disuadan a los malos poetas, me permito invitar a los lectores a erosionar el status quo leyendo poemas de Ricardo Castillo como Autogol:

Nací en Guadalajara

Mis primeros padres fueron mamá Lupe y papá Guille.

Crecí como trébol de jardín,

como moneda de cinco centavos, como tortilla.

Crecí con la realidad desmentida en los riñones,

con cursilerías en el camarote del amor.

Mi mamá lloraba en los resquicios

con el encabronamiento a oscuras, con la violencia

a tientas.

Mi papá se moría mirándome a los ojos,

muriéndose en la cámara lenta de los años,

exigiéndole a la vida.

Y luego la ceguez del abuelo, los hermanos,

el desamparo sexual de mis primas,

el barrio en sombras

y luego yo, tan mirón, tan melodramático.

Jamás he servido para nada

no he hecho sino cronometrar el aniquilamiento.

Como alguien me lo dijo una vez: Valgo Madre.

Ricardo Castillo es algo más que una curiosidad

Este planteamiento de un Yo escindido se repite en reiteraciones sinonímicas a lo largo de toda su obra, que sigue en espera de ser leída, descubierta, para dejar constancia que no ha sido rebasada aún, que su novedad alcanza para parar las rotativas,  ya,  uno en el asombro, en  la desobediencia, en el leit-motiv de una buena parte del discurso poético de los setentas, vera que no todo sanseacabó, y su tendencia sigue predominante.

Supongo que una generación se asume como tal entre otras razones por las cosas que le toco sentir, ver, leer. Algunas de estas cosas son elegidas y compartidas para lamentar, festinar o criticar, según sea el caso. Lo lamentable es competir por una sistémica medianía que solo otorga becas, con tal de asegurar su puesto en una sociedad que se desmorona: México no está de luto, esta encabronado, y su cultura viva.

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