Hurgar con catalejos

Ramón López Velarde (1888-1921)

A don Carlos Huerta, el jerezano,  editor de Tutuguri.

 

Los modernistas fueron producto de la especialización; les interesó exclusivamente el arte como otros de sus contemporáneos sólo se apasionaron por el provecho económico. La divisa del arte por arte se corresponde con el tema de la producción por la producción. Al poeta como profeta o constructor de nacionalidades sucede el poeta como ingenioso, como dandy desafiliado de una sociedad utilitaria o mártir del filiteísmo que le niegasu protección  lanzándolo a ganarse la vida en el mercado. Escribió José Emilio Pacheco, en la introducción, selección y notas de antología del modernismo (1884-1921).

Pero el poeta que se vale de las alegorías no olvida la muy particular realidad que el hombre vive; por el contrario mediante ellas trata precisamente de acercar lo universal a lo individual, presentándolos fundidos en una intuición única.

En uno de sus poemas de madurez López Velarde dijo haber nacido “misteriosamente armado contra la laica era”. Había nacido en plena dictadura de Porfirio Díaz y entre 1900 y 1905, estudio en los seminarios de Zacatecas y Aguascalientes.

En 1916 un año antes de la Constitución 1917, que reclama para la nación las riquezas del subsuelo provocando oposición frontal por parte de los Estados Unidos, los artículos concernientes al culto público que enardecieron a la iglesia católica y los relativos a lo social, que dieron origen a las organizaciones obreras y aumento la represión contra el movimiento zapatista encabezado por Emiliano Zapata (valga la aclaración).

Ramón López Velarde sacudió todo, lo desempolvó y equipó con nuevo vocabulario a la poesía, conminándola a más audaces y estrechos adjetivos; hizo a los poetas perder un poco su aire de sacerdotes y tomar un poco el tipo de deportistas; mostró un camino de rosas, el fácil, por el que muchos se despeñaron y otro de espinas, el más altamente poético, por el que fueron llamados ascender; la invitación de Ramón López Velarde a la comprensión con toda la fuerza de la sangre, del sentido conmovido de ciertos actos vitales, no fue escuchada por tantos como la explosión de cohetería de sus ligeros y brillantes adjetivos, que rayaron el cielo gris con escándalos de loros, dice Rafael Solana.

En vida Ramón López Velarde publicó solamente dos libros de poema: La sangre devota (1916) y Zozobra (1919). José Luis Martínez señala como lo cotidiano se vuelve asombroso mediante la combinación de elementos comunes unidos de manera inaudita.

La literatura mexicana, antes de él, sabía las artes de la oratoria y del canto, pero no era muy diestra en el arte de la conversación.

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