Hurgar con catalejos

La Llamada Poesía Joven

“Las generaciones no surgen

automáticamente al igual que

 la historia no es un mecanismo

de relojería. De allí que resulte

inútil discutir su periodicidad:

diez, quince o más años. También

es absurdo escoger una fecha

arbitraria y tomarla como un

hito fronterizo inamovible. Las

generaciones tampoco resultan

de la decisión de un grupo que

se auto titula como tal en busca

de una identidad literaria. (...)

El término ha sido demasiado

empleado, hasta el maltrato...”

Lo que pretendo aquí es lanzar ciertas hipótesis basándome en las lecturas de autores surgidos en estos años y en mi propio testimonio de parte. Todo esto en un mundo donde ya había caído el Muro de Berlín, donde se empezaba a hablar de globalización, del fin de las utopías, del fin de la historia. Un México, que quienes nacimos en los cincuenta del siglo pasado, conocimos como el México Moderno.

Cabe aclarar que por aquellos ayeres,  los muchachos y muchachas, llamados poetas empezaron a traducir a los autores de otras latitudes, y en un viaje de ida y vuelta, la cotidianidad, convertida entonces en monotonía repetición y rutina, vio, en estos ejercicios una forma de fortalecer el estilo, de no caer en las repeticiones canónicas, y sobre todo dar un salto en la escalera de los desafíos lingüísticos.

Esta experiencia, provocó un desencuentro entre los escritores  que comenzaron a publicar por los años noventa y sus eventuales receptores, (ahora denominados lectores), porque fuera de los poetas, pocos son los satisfechos con lo que pasa en el mundo de poesía.

La escenografía ya no es la misma, la revolución se volvió escombros, incluso el viento libertario surgido en el sureste mexicano redescubrió a los primeros habitantes de este país en las veredas de la reivindicación, en sitios y actividades inesperadas, en la fase inaugural del T.LC.  De América del Norte, y en las comunidades indígenas no habían alcanzado acceso, al México de ver. Oír y Callar.

La pregunta obligada era y es, ¿sirve de algo leer poesía, especialmente en un país que vive en la extrema pobreza? La formulo, porque los poetas de mi generación,  son los beneficiarios primeros del flujo de estímulos y becas que gozan los actuales creadores, y para ellos, la construcción lingüística abre un abanico polisémico que aparece en medio del campo.

“Y ahí, donde ocurren dos cosas: la obra se erige como única e irrepetible, y al mismo tiempo se une al gran libro de la literatura”.  La cita es propiedad de Gabriela Cantú Westendarp, en Caballos en praderas magentaspoesía 1986-1998 de Ernesto Lumbreras. Sirve para ejemplificar el abandono de los llamados poetas de la prosa de Guadalajara, de los temas de México que sufre y sufre.

Acepto que el arte, y particularmente la llamada poesía joven, a inicios de los ochenta y de los escritores  del noventa, en la poesía se manejaba  (y quizás todavía  hasta ahora) los mismos criterios estéticos o valorativos de hace décadas me lees te leo, me citas te cito, me premias te premio.

Hago estas citas porque me sirven para resaltar esos cambios que se vinieron gestando desde el interior de la poesía, cambios que el poeta Ricardo Castillo impulsó sobre todo en su libro El pobrecito señor X, libro fundacional y junto con el libro de Perrunas furias y soledades, de Enrique Macías  Loza, libros que son   tal vez la producción más representativa de la llamada generación de poetas jóvenes de México.

El riesgo previsible es que sea tomado, como un trasnochado que arroja su última botella al mar.

Lo acepto y lo asumo.

nevladitos@hotmail.com 

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