Hurgar con catalejos

Las Literaturas regionales, otras literaturas

Lo que reconocemos como “literatura”, “la gran literatura”,  desde una perspectiva lingüística, es una serie de textos válidos exclusivamente por sus características  verbales; que son artísticas, únicas, ahistóricos, universales, y/o de función poética inmanente al lenguaje. Los procesos de literaturización de estos de textos, sobre quiénes, dónde, cómo, por qué, para qué han determinado estos tipos de discurso para constituir la “literatura”, los criterios usados para discernir la selección de autores, tendencias, momentos y obras claves, sus relaciones con las axiologías, experiencias, imaginarios culturales y, con ello, la construcción o anulación de determinadas formas de identidad que están en la base de sus contextos, rebasan los espacios de esta columna.

Pero,  con la consumación de la contrarreforma, la Cultura, ese reflejo de un régimen político fincado, como dijo Zaid, “en la propiedad privada de las funciones públicas”,  se  inhibe cualquier proyecto cultural local, o regional.

Una sociedad centralizada y unificadora como la jalisciense, y la nacional, concentran  todo el poder en la capital, del país o del estado. Invisibilizando o distorsionando las historias, de  tipos humanos, mitos, instituciones y costumbres que generan identidades socioculturales regionales o particulares. Así se explica que se considera institución literaria jalisciense exclusivamente la de zona metropolitana de Guadalajara, incluyendo tanto a los que aquí viven como a los que se han trasladado por efecto de las migraciones debido a necesidades de mantención económica, reconocimiento oficial, publicaciones, crítica, y a uno que otro provinciano que se ha considerado digno de estar allí, y no a los que por decisión propia han abandonado la metrópoli, para llevar a cabo su labor en un mundo más reposado, más tranquilo.

Y dijo esto,  porque me tocó descubrir, por curiosidad mal sana, (gracias Dr. Arturo Torres, que dejó en la mesa del café,  un libro,) el libro del maestro Alfredo Cortés, catedrático de la escuela Preparatoria Regional de Ciudad Guzmán. El libro lleva por título, El Castigador. Se encuentra dividido en tres partes con los nombres de: De historias y ficciones, la segunda parte, algunos muertos, y la tercera y final, Cerrando círculos.

La editorial piso tres se encargó de la manufactura de El castigador, con motivo del treinta aniversario de la oficialización de la escuela preparatoria Regional de Ciudad Guzmán. Y si bien, es un libro de virtudes públicas y vicios privados, a veces ese tipo de reflexiones son mucho más sensibles que un informe de gobierno, superando algunas veces la objetividad verídica, en el sentido fuerte del término.

No puede marcharme sin dejar constancia y recordarles que un 11 de Septiembre 1973, el General Augusto Pinochet derrocó al gobierno de la Unidad Popular chilena.

Espero tu opinión y volver a saludarnos en quince días.

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