Hurgar con catalejos

'Jilotlán de los Dolores'


En un lugar donde las cantinas no tienen nombre, (tienen dueño),  debe haber una tienda cuyo propietario venda canela bien caliente, con piloncillo y alcohol. Don Chito -padre de Sinecuanón – y esposo de una mujer sin nombre, como la tienda, donde las viejas argüenderas se reúnen a contar las novedades del día a día, y descubrir  a quien le ladran tanto los perros, alarmados por no haber visto a gente con ojos negros (lentes) igualitos a los de los fantasmas, los aparecidos y los muertos.

Esta breve lista de temas refleja las transformaciones, patchwork que es el desarrollo urbano de una  población de la zona sur del estado de Jalisco, bajo las premisas de Teofilito Guerrero, cronista olvidadizo de Jilotlán de los Dolores.

Las razones para ello, parecen corresponder a otros fines, quizá el más importante, la mezcla de denuncia social y la tonalidad fársica de la obra de Dante Medina, que opta por contar la historia que él imagina, sin entrar en minucias de todos los habitantes de Jilotlán, y sin importar si todos mienten o dicen la verdad. “El hecho en sí” es privilegio de un observador omnisciente, que explota  técnicamente la interpretación de todos los habitantes de la cabecera municipal, y cuando ocupa un respaldo a su novela no duda en llamar a los habitantes de las rancherías.

Dante Medina, antecedido de premios literarios notables y una docena de novelas publicadas en México y el extranjero, entre las que sobresalen: La dama de la gardenia (Fondo de Cultura Económica 1992) y Tola: la delicuescencia del lenguaje (Tusquets 1987), presentó la novela que recibió el premio Sor Juana Inés de la Cruz 2015, convocado por el Gobierno del Estado de México.

El jurado estuvo integrado por Martín Solares, Humberto Guzmán y David Mauricio Carrera.

Con lo que puedo estar de acuerdo, es con la afirmación del autor, que las poblaciones de Jalisco ofrecen  un cerrado orden moral, un sistema político que se podría llamar neobarroco, y las tensiones que parecen recorre la obra que se instaura en la literatura, y arroja un panorama sobre las expresiones culturales de la religiosidad popular.

Es una novela que rescata la experiencia de toda una generación de migrantes del campo a la ciudad, cuyos mitos se fueron desvaneciendo ante una realidad contradictoria y apabullante y, a la vez permite reflexionar sobre los enigmas de la vida, la realidad, el recuerdo, el sueño y el destino.

Pero la historia es una novela, donde cada cual encuentra lo que busca, mientras los sueños y las ideologías se van diluyendo por hendiduras, por grietas, por resquebrajaduras humanas, que parecen más al mundo fantástico de la literatura, donde, la realidad ofrece un milagro como el de Epitafio, al que le gusta raspar el empedrado con sus huaraches de garbancillo, “Lo que siguió fue silencio y sonambulismo (…..) Los niños se asilenciaron por haber visto que el sexo de Epitafio tenía pico de pájaro y plumas” (MEDINA, Dante. Jilotlán de los Dolores, p. 140, 2016).

La ficción de Dante Medina, expresa el desconcierto ante los cambios tan abruptos que vivió nuestro país en las dos últimas décadas del siglo pasado.

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