Hurgar con catalejos

'El pobrecito señor X' y la 48 Feria Municipal del Libro


Las incoherencias del mercado tienen su propia pátima.

Aquí en Guadalajara parece que no nos gusta hablar de términos como rentabilidad social de la inversión, beneficios sociales esperados y comportamiento de las inversiones; más que conservadores, como en alguna ocasión se ha leído, las tendencias autoritarias, gustan crear confrontación,  en vez de incentivar la creatividad, se les olvida que cada artista construye sus productos de acuerdo con su propia posición en el mundo y generalmente acepta o se rebela contra las tendencias dominantes o vigentes en su tiempo.

No es fácil calificar una obra en construcción, la polémica literaria viene acompañada de una demostración de fuerza grupal y mucho ruido que glorifica el escandalo instantáneo, al grado que quienes participan en la cadena productiva del libro ignoran que con la firma del tratado de libre comercio de América del Norte, no hay una política pública que incentive la producción de cultura, y que el factor estratégico, hoy,  es quien tiene el poder de crear fronteras, sin olvidar que el Estado también tiene la capacidad de cambiar y/o desregular a las empresas e inversiones extranjeras.

En 1994 la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana registraba 423 editores afiliados a este organismo. Según datos extraídos de la publicación catorcenal la Digna Metáfora, (No.32, 18 abril 2016)  Carmen García Bermejo a cargo de la jefatura de información, consigna la existencia de únicamente 250 para el presente año. Ricardo Castillo, en 1977, presentó a concurso un librito llamado los trescientos versos. La revista Omeyotl, que dirigió Rodolfo Quintero Ramírez, no resistió los embates del neoliberalismo y sucumbió,  igual que empresa de Don Luis Sandoval Godoy, primer editor del libro que valió un reconocimiento al autor, en la pasada edición de la Feria Municipal del Libro.    

¿Cómo reprocharle a ese ser omnisente la ausencia del libro del homenajeado en la Feria  Municipal del Libro número 48 de Guadalajara?

El libro sobrevive y su autor, está claro, sus andanzas sobrepasan el fin de una época y la particular forma de entender la literatura, la colonización funciona en todas partes y épocas de la misma manera, la globalización ha dividido nuestras particularidades para convertirnos en consumidores, y si antes Guadalajara era la cuna de la innovación y la experimentación literaria en el campo de la narrativa, hoy es un ingrediente más de la llamada moda lectora, y la novedad habla de sustituir al lector por un hombre que cocina letras en el viaje iniciático de la deconstrucción del canon.

Leer no nos vuelve perfectos, pero si añadirá alguna razón para estar orgullosos de ser un ingrediente básico, en una ciudad que apuesta por organizar la Feria Internacional del Libro, para vender los saldos seis meses después en los corredores de su palacio municipal.

La Cámara de Comercio de Guadalajara, tiene que repensar sus argumentos, la venta de saldos y libros de autoayuda, no abona al patrimonio intangible de una ciudad que busca a través de las artes crear ciudadanía y un equilibrio social.

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