Hurgar con catalejos

Efraín Huerta. Solo para fanáticos

El poema no es una adivinanza, ni es tampoco, solamente un tejido de referencias cultas. El poema es tensión: un tono y un ritmo, José Ángel Valente lo define como: “experiencias espiritual profunda”.  Otro poeta, Cesar Vallejo, quien ocupa un lugar preponderante en la historia de las teorías del discurso poético, dice. “Los juegos de isotopías son los que producen la tensión del poema”, la escritura coincide con la enunciación, el poemas es un embrague enunciativo que reunifica para la lectura los tiempos y los sujetos. 

El poeta se apropia de manera diferenciada de los usos del habla y realiza de acuerdo con las relaciones de poder que sustenta intercambios simbólicos, que lo ubican en el mercado que normaliza condiciones y regula las competencias del habla legitima. En este sentido, vale la pena revisar la definición de “habitus” trabajada por Bourdieu: como sistema de disposiciones subjetivas –no individuales- de estructuras durables de principios generadores y organizadores de las prácticas interiorizadas como esquemas de percepción, concepción y acción. En otras palabras los poemas son  un ritual con la función social de fusionar el mundo vivido y el mundo imaginado.

Escribir es un arte solitario, un puente entre lo incidental y la vida cotidiana.

Especializado en asuntos de creación, el poeta, es un extranjero en el mundo. Un atlantista de corazón, ajeno al pobre desempeño económico de un país en venta a los especuladores. El poeta es un hombre sin poder de vigilar nivel de precios y estimular el crecimiento económico, o crear nuevos empleos, por eso nadie vota por un poeta para un puesto de elección popular.

Son muchos los autores que han llamado la atención sobre este punto y esgrimiendo argumentos literarios o argumentos políticos se rechazan con todo, la literatura es una cristalización de la ideología y eso se traduce en un canon que tiene vigencia coyuntural: Si esas obras literarias o la situación que les dio origen desaparece, la contradicción pasara a ser marcada por el consumo y de no encontrar mercado, el poema, la obra literaria,  luego de un proceso de desgaste y deslegitimación perderá su valor de cambio, dejara de ser pacto de lectura, su propósito, su objeto. Deja de ser un hecho cultural, y deberá de buscar en cualquier otro lugar su permanencia.

Efraín Huerta (1914 – 1982) se consolidó como uno de los poetas más importantes del siglo XX en lengua española, como dice en su celebrado poemínimo: Resignación.

Resignación

Buenos

O malos

(Más malos

Que buenos)

Todos mis

Poemas

Son del

Demonio

Público  

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