Ojo por ojo

El video de los maestros rapados

Qué éxito el del video de los maestros rapados en Chiapas, ¿verdad?

Todo el mundo condenó a los profesores como luego pasa con las ladies y los lords de internet.

Yo lo único que quisiera saber es por qué si nos hemos vuelto tan exigentes con las ladies y los lords, no somos ni la mitad de analíticos a la hora de mirar imágenes como las chiapanecas.

¿A qué me refiero con esto? A que a fuerza de engaños y filtros los cibernautas hemos desarrollado una prudencia fabulosa cada vez que nos llega una foto o un video.

Luego, luego, dudamos, cuestionamos las razones por las que ese material fue subido a las redes y observamos con detenimiento hasta detectar, muchas veces, que las víctimas son las verdaderas villanas de esas historias.

Igual, cuando estos clips trascienden de los medios digitales a los tradicionales, los periodistas aplican los más severos códigos de ética y antes de culpar a alguien, anteponen palabras como “supuesto” para no seguirle el juego a nadie.

Esto es un avance maravilloso. Algo que habla muy bien de nosotros como consumidores de contenidos, como medios y sociedad.

¿Por qué cuando nos topamos con un video como el de los maestros rapados no hacemos lo mismo?

¿Por qué no cuestionamos las razones por las que un material así podría haber sido distribuido a través de tantas plataformas?

¿Por qué no observamos los hechos con detenimiento?

¿Por qué los periodistas dicen “simpatizantes de la CNTE capturaron, ataron y humillaron” y no “supuestos simpatizantes de la CNTE”?

¿Dónde están las pruebas de que los responsables de esa escena tan perfectamente bien puesta en pantalla fueron los señores de esa agrupación?

¿Por qué los códigos de ética de muchos medios de comunicación aplican con admirable rigor cuando se trata de “presuntos” asesinos y “supuestos” narcotraficantes, y no cuando hablamos de maestros?

Ahí sí, ellos son culpables a la primera, terroristas, flojonazos, provocadores.

Usted está en su derecho de pensar lo que quiera al observar esas imágenes tan medievales pero, por favor, antes de despotricar, enfríe la cabeza y pregúntese.

¿Por qué las víctimas de ese atropello eran personas de la tercera edad, principalmente señoras de lo más inofensivas, y no jóvenes vigorosos como de seguro hay muchos en este conflicto tan peculiar?

¿Por qué la secuencia estaba filmada casi, casi, como en obra de teatro, con todo dispuesto para el lucimiento de las emociones?

¿Por qué nadie de los ahí presentes hizo nada por impedir esos cortes de cabello?

¿A poco el muchacho de camiseta amarilla que estaba realizando la acción estaba armado, su musculatura representaba un peligro o tenía una bomba amarrada a la cintura para detonarla si alguien le movía la mano?

¡Por el amor de Dios! Esto es tan básico que ofende tanto o más que el hecho de que la gente de la CNTE se haya deslindado de estas acciones, que las víctimas hayan declarado que quienes los atacaron no fueron maestros, y que aún así en muchas partes se siga manejando lo contrario.

Igual, este conflicto es federal. ¿Por qué siempre se quiere culpar del caos a los gobiernos locales, como el de Chiapas o como el de la Ciudad de México?

¡Qué culpa tienen esos gobernadores de este problema!

Señor, señora: así como usted se ha vuelto tan exigente cada vez que le ponen enfrente a una ladie o a un lord, no se deje con el resto de la información.

Usted manda. Que nadie le diga lo que tiene que pensar.

¡atrévase a opinar!

 

alvarocueva@milenio.com