Ojo por ojo

La vida sin Televisa ni Azteca

Imagínese despertar un día, encender el televisor y encontrar, en lugar de Televisa y Azteca, un conglomerado de maravillosas cadenas abiertas nacionales de alta calidad.

Noticiarios que solo digan “la verdad”, series que pongan a temblar a HBO, telenovelas que sean la envidia de la BBC y mesas de análisis con los más grandes intelectuales del país.

Póngase a pensar, por favor, en lo increíble que va a ser eso. No más señorita Laura, no más Sabadazo, no más reality shows. ¡No más distractores! ¡No más basura!

Todo va a ser perfecto, divino, con personas morenas a cuadro, con mujeres normales y hombres de verdad, gente culta y preparada, incapaz de aventarse una grosería, incapaz de aventarse un albur.

¿Y qué me dice de los actores? Puro hombre y pura mujer con la carrera de teatro, figuras del cine con experiencia, talento y credibilidad.

Ahora sí vamos a poder elegir. ¡Llegó la competencia! ¡Todos se van a pelear por nosotros! ¡Todos!

Calidad por aquí, cultura por allá. Valores por un lado, libertad por el otro. ¡Educación en todas partes!

¡Periodismo de alcurnia! ¡Barras infantiles! ¡Deporte de altos vuelos! ¡Arte! ¡Belleza!

Imagínese despertar un día, encender el televisor y encontrar, en lugar de Televisa y Azteca, todo esto y más, mucho más.

¿No es fantástico? ¿No es como para mandarle flores a la gente del Ifetel? ¿No es como para hacer fiesta?

¿Ya se lo imaginó? ¿Sí? Bueno, pues ahora despierte, porque nada de lo que está pasando va por ahí.

Lo que está haciendo el Ifetel representa un problema monumental para la industria de la televisión mexicana y usted, al final, en lugar de ganar, va a salir perdiendo.

Sí, yo sé que mucha gente odia a Televisa y a Azteca y que, por lo mismo, para ella todo lo que está sucediendo con los agentes preponderantes, más el anuncio de las nuevas cadenas representa, no una esperanza, sino un acto de venganza.

Pero tiene que aprender a hacer a un lado sus rencores personales y ver más allá. Aquí va a pasar algo muy malo.

La televisión abierta privada es, antes que cualquier otra cosa, un negocio. De lo que se trata es de generar dinero. Punto.

¿Y cómo se genera ese dinero? Básicamente a través de las ventas de publicidad.

¿A quiénes se les vende esa publicidad? A los productos y servicios de la iniciativa privada y a los diferentes niveles de gobierno que tenemos en México.

¿Por qué la televisión abierta de nuestro país es tan mala en comparación con la de Estados Unidos, Asia y Europa? Por culpa del mercado nacional.

Nosotros no podemos hacer series como Breaking Bad, Lost o Downton Abbey, por ejemplo; no porque no queramos o porque no podamos. Es porque no tenemos anunciantes que las paguen.

¿Quién, en este país, va a poner el equivalente a diez millones de dólares nada más para la producción de un capítulo uno de una serie que quién sabe si le vaya a gustar al público? ¿Quién?

¿Las sartenes Flavor Stone? ¿El gobierno del estado de Tlaxcala?

Si así es ahora, póngase a pensar, un poco, en lo que va a ser mañana cuando, en lugar de las pocas o muchas televisoras que tenemos hoy, tengamos otras dos cadenas abiertas nacionales.

Va a ser peor, porque nuestros anunciantes, en lugar de elegir entre una o dos marcas, van a seguir haciendo lo que están haciendo ahora.

¿Qué? Dividir sus presupuestos entre la totalidad de los canales que tenemos en México.

¡A cada empresa le va a tocar menos dinero del que le está tocando ahora!

El mercado publicitario privado nacional no crece. ¿De dónde va a salir el dinero para compensar el nacimiento de las nuevas cadenas? Solo del gobierno. ¿De dónde más?

Por tanto, la televisión mexicana del futuro, en lugar de mejorar, va a empeorar, porque o se entrega al gobierno o se va a hacer con menos recursos.

Y si se va a hacer con menos recursos, ¿cómo va a llamar la atención con nuevos canales? ¡Chafeando todavía más!

¡Más sexo! ¡Más violencia! ¡Más colusión con los gobiernos! ¡Más control de la información!

Por si esto no fuera suficiente como para deprimirse, agregue un factor todavía peor: la decadencia de la televisión abierta frente a internet y la televisión de paga.

¿Ahora entiende cuando le digo que todos vamos a salir perdiendo? Mejor bájele a su fiesta y recapacite. Atrás de esto no viene nada bueno. De veras que no.

¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com