Ojo por ojo

La vida sin Ángel Aguirre

Yo también vi con profundo dolor el momento en que Ángel Aguirre pidió licencia para ausentarse como gobernador de Guerrero.

¿Por qué con profundo dolor? Porque de un tiempo a la fecha percibo en el ambiente algo que no me gusta y que tiene que ver con todas estas noticias.

¿Qué? Una muy marcada necesidad de pleito, de conflicto político, de violencia, pero a otro nivel.

Como que alguien quiere que haya sangre, pero no como la que se ha derramado en la guerra contra el crimen organizado o en otras circunstancias.

No, alguien no sabría decirle quién o qué está pidiendo a gritos otra matanza tipo Tlatelolco, que a las más altas esferas de nuestros diferentes niveles de gobierno no les quede de otra más que sacar las armas y disparar.

Y que esas imágenes, en estos tiempos de redes sociales, se graben.

Y que esas escenas le den la vuelta al mundo para generar algo todavía más grande, global.

Me pasó con las primeras manifestaciones de los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional.

Como que la idea no era que Osorio Chong los recibiera. No, como que la idea era que no les hiciera caso, que aquello hubiera acabado en bronca, en balacera.

Pero como el secretario de Gobernación salió a atender a la multitud, ¡chin!, pues ni modo, a negociar. Y ahí están los resultados.

¿Cuáles? Obviamente ningunos. Cuando el objetivo es pleito y no hay pleito, los agresores se quedan trabados.

Y ahí están los pobres muchachos del Politécnico perdiendo el semestre y sus carreras profesionales en una nada de sueños y debates cuando deberían estar recibiendo la mejor preparación del mundo.

Bueno, pues lo mismo está pasando en Guerrero. De repente surge algo monstruoso, lo de los normalistas.

¿Y qué sucede? Que obviamente todo el país y todo el planeta se convulsiona. Es horrible, imperdonable, una vergüenza como país, como humanidad.

No existe en los cinco continentes un hombre, una mujer, estudiante o padre de familia que no tiemble de miedo, de rabia e indignación ante esto.

¿Entonces qué sucede? ¡Vamos por el pleito! ¡Vamos por la sangre!

Una vez más ese extraño aparato apocalíptico se vuelve a poner en marcha buscando errores para desencadenar lo que sea, desde una masacre hasta un golpe de Estado.

Cualquier pretexto es bueno para tentar a la autoridad.

Y comienzan las peticiones insólitas. ¿Como cuáles? Como la de la cabeza del gobernador Ángel Aguirre.

Es como si los católicos del mundo hubieran pedido la renuncia de Juan Pablo II ante los pocos o muchos casos de sacerdotes pederastas que hubo durante su gestión.

Juan Pablo II no les ordenó violar niños. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Bueno, pues aquí, lo mismo: exijamos la renuncia de Ángel Aguirre porque sabemos que no nos la van a dar y aprovechemos para incendiar instalaciones, golpear a quien se deje y grabar y, en el momento exacto, acusar al gobierno de asesino, de represor.

¿Qué relación hay entre esto y los normalistas? Ninguna. ¿En qué los va a ayudar a aparecer? En nada.

Pero como el golpe emocional de esta nota es inmenso, ni quién se dé cuenta. ¡A pelearnos!

Lo que nadie esperaba, o al menos de esa manera, era que el señor Aguirre iba a pedir su licencia.

Una vez más, ¡chin!, el gobierno no disparó, no hubo masacre, no hubo mártires. ¡Ya se fregó el polvorín!

Y exactamente como lo del Politécnico no se resolvió, la triste historia de los normalistas pasará a segundo plano hasta que ocurra otra desgracia que alimente a esa persona o a esa peculiar instancia que lo único que quiere es sangre.

Usted lo está viendo. Ahora lo que importa no son los desaparecidos sino si el PRD vale o no vale la pena, si López Obrador era o no era padrino del supuesto culpable, si el gobierno federal tiene o no tiene la culpa de lo que pasó ahí y si el sueño optimista de Peña Nieto sobre el futuro de México murió o no murió.

¿Y los muchachos? ¿Y sus familias? ¿Y nuestros muchachos? ¿Y nuestras familias? ¿Sí se da cuenta? ¡Cada loco con su tema!

¿A quién le interesa desestabilizar al país? ¿Quién es esa persona o esa instancia que nos quiere regresar a 1968? ¿Por qué? ¿Para qué?

¿Cuál será su próxima estrategia? ¿Cuál será su próximo pretexto para conmover a las multitudes, para bloquear las calles y para tentar a la autoridad hasta que reviente? ¿Cuál?

¡atrévase a opinar!

 

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