Ojo por ojo

¡Me vale!

Este fin de semana terminan las telenovelas Corazón indomable de Televisa y Secretos de familia de Azteca. ¿Y sabe qué? ¡Me vale!

Corazón indomable y Secretos de familia son dos proyectos bastante mediocres no solo en el contexto internacional, en el nacional.

El primero no le llega ni a los talones, ya no se diga a La venganza con Helena Rojo, a Marimar con Thalía, de cuya historia es refrito.

¿Y qué me dice de Secretos de familia? Ni remotamente se acerca a Brothers and sisters, ese poema de serie de televisión en la que, se supone, está inspirada.

A lo mejor estoy mal, pero creo que le haría un gran daño, tanto a usted como público, como a la industria de la televisión mexicana, fingiendo que estoy muy emocionado con estos desenlaces.

No puedo, sería una mentira, un acto de hipocresía. ¡No!

Sí, yo sé que ambas producciones son, objetivamente, un éxito, que aprovecharon sus presupuestos, que vendieron, recuperaron y exportaron, pero eso no significa que sean buenas.

Corazón indomable, una telenovela de 2013, se ve como una telenovela de 1977. Con la escenografía de cartón, con posters de plantas colocados en las ventanas para fingir espacios vivos y con actores maquillados como payasos.

Se me cae la cara de vergüenza cuando comparo esto no solo con lo que están haciendo potencias como Corea, contra los más recientes ejercicios de países que antes no sabían nada de esto como los de Europa del Este.

No y ni hablemos de esta emisión a nivel contenidos, porque entonces sí nos damos un tiro.

Verla fue como regresar, no a los años 70, a los 50, cuando la mujer no había alcanzado ni la mitad de las conquistas que ha alcanzado ahora.

Por eso tenemos el país que tenemos. ¿Qué podemos esperar a nivel democracia de una nación que es alimentada con lo mismo que la alimentaban en 1958?

Secretos de familia, aunque va por otro lado, también fue una catástrofe.

Sí, comenzó muy bonito y todo parecía indicar que iba a ser, para las telenovelas, algo más o menos parecido a lo que fue A corazón abierto (el remake de Grey’s Anatomy).

Pero no, poco a poco se fue convirtiendo en una suerte de programa pretencioso, pero grabado a la carrera, de lo más distante, impersonal, rarísimo.

Me queda claro que el tono no era el de melodrama. ¿Pero, por qué no? ¿Qué tiene de malo que una historia sentimental se muestre a través de los sentimientos?

E, igual, si estos señores piensan que porque hablaron y hablan de drogas y de diversidad sexual ya están del otro lado en materia de contenidos, con la pena, pero no.

No basta con incluir los temas, hay que trabajarlos, hay que conmover a las multitudes, hacer lo que jamás se ha hecho, luchar por ser el mejor.

Yo ya no veo, o casi no veo esto, pero no solo en estas dos piezas, en general, en toda la industria de las telenovelas mexicanas.

Y luego cuando hablo con los actores, peor tantito. Es raro el que no me dice que lo hace nomás por chambear, el que no justifica su desinterés respondiéndome con alguna frase como “es solo una telenovela” y el que no remata con algo como “pero no te pierdas mi obra de teatro” o “no te pierdas mi película”.

Lo siento mucho, pero las telenovelas no son “solo telenovelas” y no valen ni menos ni más que una obra de teatro o una película.

Necesitamos volver al compromiso. Necesitamos volver a creer en lo que hacemos más allá de un cheque o de una exclusividad.

Mientras no lo hagamos, viviremos en una industria igual de mediocre que la mayoría de los servicios burocráticos a los que nos exponemos en nuestra vida diaria.

Mientras no lo hagamos, seguiremos viviendo en una mentira y a las pruebas me remito. Llevo dos semanas monitoreando Hombre tenías que ser, la telenovela que entró en lugar de Vivir a destiempo en Azteca 13.

¿Y cuál es la nota? Ninguna. Estoy consciente de que su reparto es bueno, de que su director es de lo mejor que hay (Walter Dohener de La reina del sur) y de mil y una maravillas.

¿Pero de qué sirve si no pasa nada? ¿De qué sirve si nadie sabe qué esperar de alguno de sus muchísimos personajes? ¿De qué sirve si ninguna de sus situaciones nos toca?

Hombre tenías que ser es Lo que es el amor que a su vez era una adaptación de Hombres de Colombia.

¡Excelente! En aquella época, 2001, hablar de aquellos conflictos masculinos, era muy novedoso. Hoy todo el mundo lo ha hecho y los conflictos masculinos son otros.

¿En qué nos podemos fijar para emocionarnos? ¿En una escena grabada en un baño donde vemos a dos actores orinando?

Volvemos a lo mismo, eso era muy revolucionario en 1996, en títulos como Con toda el alma, y lo era porque veníamos de una era de puras telenovelas de cartón. Hoy no es nada. Nada.

En fin, ya se van Corazón indomable y Secretos de familia, ya llegó Hombre tenías que ser y a mí, me vale. ¿A usted?