Ojo por ojo

La muerte en Navidad

Como usted sabe, se quemó un mercado en Tultepec y asesinaron al embajador de Rusia en Turquía. Lo vimos en televisión.

¿No hay nada que le haya llamado la atención en la difusión de estos eventos?

Detengámonos en Tultepec. ¿Qué fue lo que vimos? Unas imágenes asombrosas de cohetes explotando por aquí y por allá. Humo, fuego, luces de colores.

Hablemos ahora del embajador. ¿Qué fue lo que observamos? El momento preciso en que lo mataron. Ahí estaba el asesino gritando con el cadáver tirado en primer plano.

¿Sí se da cuenta del regalo de Navidad que los medios tradicionales y no tradicionales nos dieron en esta temporada?

Debajo de la nube de humo en Tultepec había gente muriendo. Gente que pudo haber sido su hijo, su padre o usted mismo.

Ese señor que cayó muerto en Turquía no era un actor. Era una persona real muriendo de verdad.

Y las imágenes de la explosión en el Estado de México las vimos una y otra y otra vez.

Y el video del momento preciso en que Andrei Karlov moría nos lo ponían, y nos lo ponían, y nos lo ponían.

Perdón, pero a mí esto no se me hace divertido ni creo que contribuya a que uno se informe más en términos periodísticos.

Es un abuso lo que está pasando en muchísimas pantallas alrededor del tema de la muerte.

Nos la están ofreciendo como si fuera un espectáculo, nos están enseñando a verla como algo normal, están contribuyendo a que perdamos nuestra capacidad de asombro.

¿Por qué casi nadie se tomó la molestia de advertirle a las audiencias que lo que iban a ver era algo serio que ameritaba un análisis, especialmente ante los ojos de nuestros niños?

¿Por qué casi nadie pensó en defender los derechos de esas personas que perdieron la vida en esas circunstancias?

¿Qué hubiera sentido usted si en lugar de tratarse del embajador de Rusia en Turquía se hubiera tratado de algún familiar, amigo o compañero de trabajo?

¿A poco le hubiera encantado verlo morir en cadena nacional y que el video nos lo editaran de manera que se repitiera más de tres veces para regocijo de las ventas y del rating?

No sé usted, pero yo me siento muy ofendido ante la difusión irresponsable de estas secuencias como ser humano y muy especialmente como televidente mexicano.

¿Por qué? Porque, a ver, seamos honestos. ¿Usted cree que la televisión de este país hubiera jugado igual con el video del asesinato de un político nacional?

Sí, lo vimos en el pasado con casos tan escandalosos como el de Luis Donaldo Colosio, pero el tema se discutió y se cambió.

¿Por qué ahora está volviendo y solo en casos internacionales?

¿Porque el gobierno de Rusia no invierte en publicidad en la industria de la televisión mexicana?

¿El respeto a los derechos de las víctimas del delito también forma parte de las leyes de la oferta y la demanda? ¿Será posible que hayamos caído tan bajo?

Y si no es así, explíqueme por qué sí podemos ver y hasta regodearnos con esta clase de imágenes y no con las de las víctimas del crimen organizado.

¿Qué tienen unas que no tengan las otras? Sangre es sangre, ¿no?

No estoy en contra de que se informe a la población de eventos tan terribles como los de Tultepec y Turquía, pero para todo hay formas. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com