Ojo por ojo

Las trampas del deseo del PRI

La nota es que la trata de personas está tan metida en nuestras vidas que ya ni la vemos, ya no nos llama la atención, ya no nos ofende.

La realidad supera a la fantasía. Este viernes terminó Las trampas del deseo, una telenovela muy atacada porque, supuestamente, hablaba de algo malo, de algo negativo, de algo que no era cierto.

¿Qué? La escandalosa relación entre nuestros políticos y algunos de los delitos más perseguidos en este país y en el mundo entero, como la trata de personas.

Bueno, pues más se tardaron los señores de Argos-CadenaTres, responsables de este proyecto, en plasmarlo en pantalla que el magnífico equipo de Carmen Aristegui en desenmascarar el caso de una red de prostitución que operaba por y para el PRI en el Distrito Federal.

Tengo miedo porque tal y como se mostró, tanto en la telenovela como en la investigación especial de Carmen y sus colaboradores, ¿qué hace usted cuando la autoridad forma parte del problema?

¿A quién acude? ¿Dónde pone la denuncia? ¿Cómo le hace para obtener justicia? ¡Cómo! Y lo peor de todo: ¿quién le garantiza que, al final, no va a ser usted el perjudicado?

Mire, no nos hagamos tontos, esto ya se politizó y, por lo mismo, ya nos desviamos del verdadero problema.

Aquí la nota no es si los señores del PRI son decentes o indecentes, si los de las izquierdas viven en castidad o en pecado, si el nuevo PRI está haciendo una purga o si el dinero de nuestros impuestos se está utilizando en orgías.

La nota es que la trata de personas está tan metida en nuestras vidas que ya ni la vemos, ya no nos llama la atención, ya no nos ofende.

Nos interesa más saber qué va a pasar con Cuauhtémoc Gutiérrez, presidente del PRI del Distrito Federal, que lo que va a pasar con las víctimas de esta historia.

¿Qué va a ser de ellas? ¿Adónde van a ir a parar? ¿Cómo se les va a resarcir el infierno que vivieron?

¿Qué clase de garantías van a tener de que no van a volver a pasar por lo mismo, de que no les van a salir con el cuento de que lo hacían porque les gustaba, de que las van a amenazar, de que no les va a ir peor?

Me parece perfecto que se castigue a un culpable pero, aquí, como en muchas otras cuestiones, no solo estamos hablando de una sola persona, de un solo partido o de una sola ciudad.

Esto es muy grande, complejo y está lleno de intereses, tanto, que la misma gente que se dedica al combate de la trata de personas se la pasa metiéndose el pie.

¿Me creería si le dijera, por ejemplo, que hace varios domingos, cuando en esta misma columna le escribí de los esfuerzos de la activista Rosi Orozco por impedir que se reformara la ley, por diferentes irregularidades, me la pasé recibiendo ataques de las tiernas mujeres que defienden esa causa?

Todo es política, ver quién se queda con qué puesto, quién se luce con qué secretario, quién sale en los medios.

¿Y las víctimas? Bien, gracias. A ellas nadie les da nada, no se pueden lucir ni con sus familias y, por supuesto, nadie las entrevista para algo que vaya más allá del morbo o de una denuncia capitalizable.

Yo por eso quisiera aprovechar todo esto del PRI de la Ciudad de México para que volvamos a poner el acento en la trata de personas, para que nos demos cuenta dónde estamos parados. Para que reflexionemos y tomemos medidas para que esto ya no pase, para que ya no nos pase.

La única manera como vamos a conseguir que esto se arregle es sacándolo del ámbito de los usos y costumbres y colocándolo donde le corresponde: en el terreno de lo irregular, de lo anormal.

No es normal que una chica sea reclutada como edecán y termine de prostituta. No es normal que las mujeres sean obligadas por sus jefes a tener relaciones sexuales.

No es normal que nadie diga nada, que entre compañeras de trabajo se quieran convencer de que esto es lo que debe ser y que esta aberración se propague hacia otras oficinas, con los clientes, con las visitas.

E igual no es normal que a los clientes y a las visitas se les ofrezca una mujer como si fuera una taza de café. No es normal que uno acepte esto y se quede callado. No es normal. ¿Hasta cuándo lo vamos a reconocer?

La realidad supera a la fantasía. Este viernes terminó Las trampas del deseo y la gran nota del momento es la de la red de prostitución del PRI en el Distrito Federal.

Todo tiene que ver con trata. Todo es trata. La bronca es que mientras no nos eduquemos, esto se volverá a repetir. ¿A poco no?

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