Ojo por ojo

Los "spots" de Miguel Ángel Mancera

Si usted pensaba que los spots del quinto Informe de gobierno del Presidente eran malos, era porque no había visto los de Miguel Ángel Mancera.

¡Qué cosa más impresionante de protagonismo y vanidad! No hay manera de verlos y de no rechazarlos.

Ojo: no estoy hablando mal ni del señor ni de su gobierno. Estoy afirmando que su estrategia de comunicación es aberrante y a las pruebas me remito.

Mensaje uno: allá va Miguel Ángel Mancera paseándose en coche de lujo por las calles vacías de Ciudad de México, mirando señales de tránsito que se van convirtiendo en textos de reconocimiento para cada uno de sus logros.

Deje usted la actitud como de estrella de cine del doctor Mancera.

¿Quién, que no esté sufriendo de alucinaciones, va paseando en carro por la capital del país y mirando algo así?

Mensaje dos: Miguel Ángel Mancera llega a un gimnasio para entrenar en una caminadora mientras un hombre y una mujer lo miran con una admiración desmedida.

El señor corre y corre. ¿Y qué hace mientras tanto? Repasa los logros de su administración.

¿Quién en su sano juicio va corriendo y aventándose guayabazos? No, pero lo peor de todo no es esto, sino el remate:

El doctor termina (en cuestión de segundos), sale y la mujer le pregunta al hombre si Miguel Ángel Mancera es “siempre así”.

¿Así cómo? ¡Quién sabe! Pero el tipo le responde que sí. ¡Qué sí! ¿Qué le sabe el señor ése o qué?

Mensaje tres: Miguel Ángel Mancera aparece sirviéndole la cena a un grupo de personas que no alcanzamos a identificar mientras se queja de que en los últimos cinco años no había tenido tiempo para cocinar.

¿Le sigo? No, mejor no. Es obvio que los asesores del doctor Mancera o no saben nada de esto o lo odian.

Se supone que estos spots son un ejercicio de comunicación que la ley le da a nuestros gobernantes para que informen a la población de lo que hicieron en el último año.

¿Y qué hizo el jefe de Gobierno de Ciudad de México? Quemarse.

Por un lado, porque esto es la campaña de promoción personal más descarada del mercado.

Y, por el otro, porque en lugar de pintarse como un hombre sensato, humilde y que trabaja en equipo, se autorretrató como un personaje vanidoso, arrogante e incapaz de reconocer la labor de sus colaboradores.

¿Por qué en ninguno de sus spots le dio las gracias a su equipo, a los constituyentes o a alguien más?

Bueno, ya, no vayamos tan lejos. ¿Por qué no se concretó a hablar de lo que sucedió en Ciudad de México en su último año de trabajo?

Es tan mala su estrategia que más allá de las broncas en las que se va a meter con las autoridades electorales, los chilangos miran eso y se molestan.

¿A quién le importa si el señor cocina pasta, ensalada o tacos ante problemas como la inseguridad y las inundaciones, por mencionar solo algunos? ¡A quién!

¿Pero sabe qué es lo más irónico de estos anuncios? Que la mayoría de ellos insisten en que a don Miguel Ángel se le critica mucho.

Esto, que debería ser un foco rojo, se menosprecia.

Conclusión: al señor no se le puede decir nada porque quienes lo cuestionan lo hacen por envidia o porque no alcanzan a ver su grandeza.

Y yo que me quejaba de los spots del Presidente. Esto está muy mal. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com