Ojo por ojo

Un soldado en cada hijo te dio

Estoy verdaderamente alarmado por el ataque que padecieron nuestros militares el 30 de septiembre en Sinaloa.

¿Por qué? Por los mensajes que manda, por las reacciones que hemos visto y por la falta de culpables.

Usted nada más imagínese que en algún punto de Estados Unidos alguien se hubiera atrevido a atentar contra la vida de un soldado de ese país.

La nación entera estaría conmocionada, nadie se acabaría las manifestaciones de indignación y a las pocas horas ya habría gente pagando por ese acto.

Aquí masacraron con lujo de violencia a varios de nuestros soldados. ¡Circuló el video!

No solo hubo disparos, vimos fuego, saña, crueldad. No era una emboscada común, era un espectáculo de odio, de sangre y poder.

Escuchamos gritos, cosas horribles. ¿Y dónde estuvo el duelo nacional? ¿Qué pasó con los homenajes? ¿Fueron del tamaño de este escándalo?

¿Por qué la gente no salió a las calles a reclamar? ¿Por qué la prensa especializada en defender este tipo de causas no arremetió contra los responsables?

Quienes murieron ahí no solo eran personas de carne y hueso, hombres de familia, gente con cualquier cantidad de lazos emocionales. Eran soldados, nuestros soldados.

Matar a un soldado va más allá de matar a un hijo o a un padre, es matarnos a todos, matar nuestra historia, matar a la patria, dejarnos en la más completa indefensión.

¿Cómo se supone que nos debemos sentir al ver que asesinan de una manera tan asquerosa y cobarde a nuestro máximo símbolo de seguridad nacional?

¿Qué clase de optimismo debemos alimentar cuando vemos a nuestros soldados así, vulnerables, a merced de un enemigo sin nombre, en nuestro propio territorio?

¿En manos de quién está la patria? ¿Quién nos va a proteger ahora? ¿A quién debemos admirar?

No nos confundamos, una cosa es que haya habido denuncias contra el Ejército por situaciones vinculadas a temas como los derechos humanos y otra que los odiemos, que los odiemos a todos, que pensemos que los hombres que murieron en Sinaloa merecían lo que les pasó.

Y perdón que lo diga en estos términos tan groseros, pero eso es lo que parece y un pueblo que odia a sus soldados, a todos sus soldados, es un pueblo en problemas.

¿Tan bajo hemos caído como sociedad? ¿Así de insensibles nos hemos vuelto? ¿Así de enfermos?

Aquí está el verdadero problema de esta masacre, en la cantidad de porquerías que están saliendo a la luz.

Comenzando por los “Traidores en las fuerzas armadas” e incluyéndonos, por supuesto, a nosotros que no llamamos héroes a estos hombres, que no llamamos enemigo a quien los mató, que nos quedamos como si nada.

Una vez más, parece que la delincuencia se salió con la suya. Hay un daño a nivel percepción que quién sabe cómo se vaya a resolver.

Pero me queda claro que hoy nos sentimos más solos que antes y que cada vez vamos a batallar más para convencer a las nuevas generaciones de que respeten a nuestros soldados, de que sigan su ejemplo y los admiren.

Estoy verdaderamente alarmado. Parece que nuestros héroes ahora son los malos, los criminales, y que nuestros enemigos ahora son los buenos, los soldados.

¡Qué dañados estamos! Esto no debería ser así. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com