Ojo por ojo

El sabio Donald Trump

Estamos en la era del espectáculo, y en el "show business" las estrellas no ganan por ser queridas, ganan por ser mencionadas.

Estoy profundamente preocupado por el fenómeno Donald Trump.

¿Por qué? Porque siento que toda la gente que se la ha pasado respondiéndole, inventándole chistes y hasta fabricándole piñatas está equivocada.

No hay enemigo pequeño y no vivimos una época que se mueva a través de la reglas de la lógica o de la política.

Estamos en la era del espectáculo, y en el show business las estrellas no ganan por ser queridas, ganan por ser mencionadas.

Y lo único que millones de personas han conseguido con sus insultos, caricaturas y memes ha sido multiplicar la popularidad de este personaje.

Por supuesto que Donald Trump puede llegar a la candidatura de su partido y hasta ganar las elecciones presidenciales de su país.

Estados Unidos ya tuvo a un presidente surgido de las filas del espectáculo: Ronald Reagan.

Y el mismísimo estado de California, tan lleno de mexicanos, tuvo de gobernador a un personaje como Arnold Schwarzenegger, capaz de decir monstruosidad y media de nuestros migrantes.

¿Quién le garantiza a usted que un hombre famoso por sus negocios, por haber sido el eje de diferentes reality shows y con una posición tan radical como Donald Trump no puede a llegar a la Casa Banca? ¡Quién!

Sí, yo sé que muchas personas señalan que de un tiempo a la fecha, sin el voto latino, nadie puede ganar la presidencia de Estados Unidos.

¿Pero qué tanto hay de verdad en esta afirmación y qué tanto es un asunto de soberbia, de orgullo o de posicionamiento de diferentes marcas que viven del mercado hispano de Estados Unidos como las televisoras y las casas productoras de telenovelas?

Además, y lo digo con mucho respeto, los latinos, entre nosotros, jamás nos hemos caracterizado por nuestra solidaridad ni del otro lado de nuestra frontera norte ni en ninguna otra parte.

Para algunas cosas nos queremos mucho pero para otras, allá van los mexicanos por un lado, los cubanos por otro, los venezolanos por el suyo, los colombianos por uno diferente y ni hablemos de los argentinos, los bolivianos, los panameños o los uruguayos.

Si fuéramos tan fuertes como de repente dicen en los medios, yo creo que estaríamos en otra posición no solo en Estados Unidos, en todo el planeta.

Y Donald Trump, con dos o tres giros que le dé a su muy inteligente campaña de publicidad y relaciones públicas, no solo podría pasar por encima de los latinos, hasta los podría conquistar.

Sí, al señor se le han cerrado muchas puertas por sus declaraciones, pero se le están abriendo otras porque está jugando exactamente como se tiene que jugar en espectáculos.

¿Usted cree que todo lo que ha dicho ha sido producto de un arrebato, de una indiscreción o del infortunio?

Por supuesto que no. Todo en él está estudiado, desde su peculiar copete hasta su forma de reaccionar ante noticias tan delicadas como la segunda fuga de El Chapo.

Resultado: el señor es un personajazo, lo más ruidoso y polémico del universo pero, al mismo tiempo, lo más recordable, honesto y congruente.

Donald Trump es mil veces más honesto y congruente que muchos políticos que se la pasan dándose golpes de pecho aquí y allá.

Y como apela a esas tripas con las que está votando la gente en todos lados, no se sorprenda de nada.

Incluso, de que toda su campaña de “odio” tenga cola.

La próxima vez que le responda, que difunda un chiste o que le pegue a una piñata con su cara, piénselo dos veces.

No lo está perjudicando. Le está haciendo un favor.

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com