Ojo por ojo

Las reformas que nadie quiere aprobar

Desde 2013 un grupo de diputados se la ha pasado luchando por unas iniciativas que misteriosamente nadie menciona.

En este país pasan cosas raras pero como la opinión pública está bien distraída, no se comentan, no se corrigen.

Nada más en internet, México se está quedando atrás respecto a otras naciones como España y Reino Unido.

Y no me refiero solo a la calidad de nuestros servicios o a sus costos. No, le estoy hablando de la parte de los contenidos.

Aquí, cualquier página de cualquier usuario puede poner a disposición de las multitudes películas, canciones, fotografías, libros y hasta investigaciones del más alto nivel sin que nadie diga nada.

En este país usted puede tardarse años en escribir una novela, rebanarse el cerebro en la producción de un videoblog o llevarse una exclusiva noticiosa mundial.

¿Y todo para qué? Para que los portales de su competencia copien y peguen el material, y a la hora de los trancazos se adjudiquen las visitas, los likes.

Todo esto que le estoy comentando es anormal, no debería estar pasando y representa una verdadera tragedia.

¿Por qué? Porque México es la quinta potencia creadora y consumidora de contenidos más rica del mundo y porque en la medida en que esto siga ocurriendo, todos saldremos perdiendo.

No solo perdemos desde la perspectiva de los negocios o de los derechos autorales.

No, perdemos eso que tanto defendemos cuando hablamos del petróleo: una parte importante de nuestro patrimonio nacional.

Por eso, desde 2013 un grupo de diputados se la ha pasado luchando por unas reformas que misteriosamente nadie menciona y que si no se autorizan en las próximas semanas, terminarán muriendo con las siguientes elecciones.

Me refiero a la reforma de nuestra Ley Federal de Derecho de Autor, a la de nuestra Ley de Propiedad Industrial y a la del Código Penal Federal.

Se trata de un paquete de reformas tan grande y positivo que muchas de nuestras más importantes instancias culturales, como la Sociedad General de Escritores de México, la apoyan de principio a fin.

¿Qué dicen estas reformas? ¿De qué tratan?

¡Claro, como es internet, de seguro estamos hablando de una estrategia para censurar las opiniones de la gente y para robarnos nuestros datos personales!

No, estas reformas lo que buscan es garantizar la libertad de expresión, la privacidad y el acceso a la información en internet de todos los mexicanos, solo que bajo un entorno legal. ¡Como en las naciones más civilizadas del mundo!

¿Qué significa esto? Entre otras cosas, que quien obtenga ganancias en internet del trabajo creado por alguien más, cite la fuente y pague las regalías correspondientes.

No se trata, por ejemplo, de impedir que usted descargue una película o un libro del portal de alguna empresa o de alguna institución.

Se trata de que, si una empresa o una institución pone a disposición de sus audiencias un libro o una película, reconozca a quienes la hicieron y les pague lo que les corresponde.

El dinero no va a salir de los usuarios, va a salir de los portales. A usted la autorización de estas reformas, a diferencia de otras, no le va a costar ni un centavo.

Y no nada más estamos hablando de dinero, estamos hablando de un montón de cuestiones que por razones de espacio no me caben en esta columna pero que urge que se pongan en la mesa, que se debatan y que se autoricen.

Señores legisladores: por favor, no se olviden de estas otras reformas, revísenlas y fírmenlas antes de que ocurra alguna desgracia. Hagan algo por la cultura. Hagan algo bueno por internet. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com