Ojo por ojo

El principio de una guerra

Los distinguidos miembros de nuestro Poder Legislativo no saben en la que se metieron al darle la espalda a la ley 3 de 3 original.

¿Por qué? Porque independientemente de la validez de sus razones, era un mandato social y esos hombres y esas mujeres están ahí para eso, para obedecer a la sociedad.

No es un asunto que se tenga que discutir. Si a usted su jefe le pide un documento, usted se lo tiene que preparar sin chistar. Es su jefe.

Si la ciudadanía organizada y apegada a los más estrictos requisitos legales les exige a estos señores que le rindan cuentas, se las tienen que rendir. Punto.

Para eso cobran. Para eso están ahí. Y no es un asunto ni de partidos ni de revanchas ni de lo que pasaba o no con las administraciones de antes. Se tiene que hacer.

¿Por qué si los ciudadanos tienen que obedecer todas y cada una de las disposiciones que nos impone la autoridad, ésta cuestiona y detiene lo que le piden los ciudadanos?

¿Por qué nuestros políticos se la pasan declarando que sus reformas no son negociables y, cuando algo viene de los ciudadanos, lo quieren negociar?

¿No encuentra usted algo raro en esto? ¿No encuentra usted un mensaje pavoroso?

El que nada debe, nada teme. ¿A qué le tiene miedo nuestro Poder Legislativo?

¿A la burocracia? ¡Por favor! Esos hombres y esas mujeres son expertos en llenarse de papeles.

¿Por qué su primera reacción fue involucrar a la iniciativa privada?

¿No les preocupa que esto se pudiera interpretar como una venganza?

Como usted sabe, la ley 3 de 3 es una iniciativa que surgió de la sociedad civil para combatir la corrupción y que consiste en que nuestros funcionarios presenten periódicamente tres declaraciones: la fiscal, la de intereses y la de patrimonio.

Hace unos cuantos días se aprobó pero con rarísimas modificaciones que traicionaron su esencia y desviaron ciertos temas vinculados a la corrupción de las autoridades a la iniciativa privada.

Esto es un problema que podría desencadenar en algo muy peligroso.

Usted lo acaba de ver: nuestros empresarios ya salieron a manifestarse.

¿Cuánto falta para que decidan dejar de cumplir con sus obligaciones fiscales? 

¿Cuánto falta para organicen un paro nacional? ¿Cuánto falta para que convoquen al resto de los mexicanos?

Yo nada más le recuerdo una cosa: los políticos van y vienen. Los empresarios, no. Ellos representan un poder que ha estado ahí desde hace muchísimas generaciones.

¿Quién pesa más en la dinámica social? ¿Quién no tiene prisa para, en caso dado, ejercer venganza?

Me queda claro que en las próximas elecciones todo se va a mover por la más elemental dinámica de castigo, pero también que de aquí a 2018 vamos a ver lo inimaginable.

Si la ley 3 de 3 no pasa, todas las manifestaciones que hemos visto de gente que aparentemente se está oponiendo a la reforma educativa van a parecer un juego de niños al lado de las protestas que vamos a presenciar.

Si no se le hace caso a la sociedad en algo tan básico como rendir cuentas, ¿qué puede esperar la ciudadanía de asuntos superiores?

Ya veníamos de una ruptura bastante violenta entre el pueblo y los políticos.

Esto es peor, el principio de una guerra que sumada a otras que andan por ahí podría desestabilizar a la nación.

Adiós, paz. Adiós, economía. Adiós, todo.

Recapaciten, señores, antes de que sea demasiado tarde. Están a tiempo de retractarse, de escuchar, de atender y de ganarse un sitio de oro en la historia de México. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

 

alvarocueva@milenio.com