Ojo por ojo

No más poder al poder

"Obediencia perfecta" es la única manifestación crítica que queda en el ambiente y llega a nuestras pantallas justo ahora, cuando la Iglesia católica pensaba que nadie se iba a acordar de estas historias de terror.

La censura existe, pero no como se está diciendo en las marchas, en las cadenas humanas y en las redes sociales.

El enemigo no es un gobierno, un canal de televisión o un proveedor de internet.

Se necesita ser muy ingenuo para creer que una reforma lo va a detener.

El enemigo está aquí, operando. Abra los ojos y no permita que le nieguen su derecho a conocer la verdad tal y como está ocurriendo con Obediencia perfecta.

¿Qué es? Una de las más importantes películas mexicanas de los últimos años, una joya del director Luis Urquiza.

¿De qué trata? De sacerdotes pederastas. ¿Y? ¿Qué tiene esto de espectacular?

De alguna manera es un asunto que se ha manejado mucho. Incluso, no ha faltado el comunicador que ha dicho, al aire, que esto ya se agotó.

¡¿Pues qué cree?! No se agotó y desde que el papa Francisco tomó el poder, el manejo mediático del mismo se ha transformado, pero no para bien.

Ahora nadie dice nada, ahora todo en El Vaticano es muy bonito, moderno y diferente.

Y en lugar de darle seguimiento a miles de delitos que siguen impunes, lo que todos tenemos que hacer es festejar la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII.

Obediencia perfecta es la única manifestación crítica que queda en el ambiente y llega a nuestras pantallas justo ahora, cuando la Iglesia católica pensaba que nadie se iba a acordar de estas historias de terror.

Obviamente más de una cabeza está furiosa y la orden es acabar con este filme.

¿Cómo? Negándole cualquier opinión por parte de nuestras máximas autoridades eclesiásticas, de grupos conservadores y de un montón de instancias que marcan pauta en la mayoría de nuestros medios tradicionales.

La idea es matarla con silencio y no solo eso, sino impedir que el público la vea.

¿A usted no se le hace demasiada casualidad que esta cinta, llena de cualidades artísticas, no haya sido enviada para representar a México a ningún festival internacional?

¿A usted no le llama la atención que Obediencia perfecta vaya a ser estrenada el mismo fin de semana que se va a estrenar la esperadísima película de Diego Luna?

En este país nunca se estrenan dos películas nacionales al mismo tiempo precisamente para impedir que se aniquilen.

Obediencia perfecta va contra César Chávez; nada que desaparece.

¡El colmo! ¿Me creería si le dijera que, ante la gravedad de los contenidos que maneja este filme, más de un espacio le ha cancelado entrevistas?

Y no lo digo yo, me lo contó Luis Urquiza. ¿Ahora entiende? La censura no necesita de reformas para existir, necesita de una sociedad que la permita.

¿Usted está dispuesto a permitir que esta película muera por atreverse a hablar, como nunca se había hecho, de personajes como Marcial Maciel?

¡Por favor, no! Rompa el cerco informativo, hable de ella y, lo más importante, no le dé el gusto de asesinarla a quienes la quieren destruir, vaya al cine, abarrote las salas, discútala y hágale todo el ruido que pueda.

Yo ya vi Obediencia perfecta y es un documento impresionante, una película que todos tenemos que ver.

¿Para qué? Para enterarnos de lo que pasó, para que se haga justicia y para que estas cosas no vuelvan a pasar, tanto del lado de la Iglesia como del lado de los niños y del lado de los padres de familia.

Obediencia perfecta es una gran obra que, a través de una estructura muy peculiar, va recorriendo los tres pasos que seguían algunos sacerdotes como Marcial Maciel para reclutar niños, seducirlos y someterlos.

Usted va a ver cosas que jamás se habían mostrado, a escuchar argumentos que eran los que esos monstruos utilizaban para lavarle el cerebro a sus víctimas.

Y va a ver imágenes cuya fuerza deja atrás cualquier escena de cualquier título que haya resultado polémico en el pasado, como El crimen del padre Amaro.

Ni hablar de actuaciones como la de Juan Manuel Bernal, de aspectos técnicos o estéticos. Esto es cine a otro nivel, una película para pensar.

Luche con todas sus fuerzas por ver el estreno de Obediencia perfecta, si es que se llega a dar, el próximo fin de semana.

Luche por defender la libertad de expresión si es cierto que le preocupa tanto este tema.

Y es que la censura existe, pero no como se está diciendo en las marchas, en las cadenas humanas y en las redes sociales. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!  alvarocueva@milenio.com