Ojo por ojo

Tanto pleito para nada

Estoy muy enojado con este asunto de la reforma en materia de telecomunicaciones, pero no con los legisladores, el Presidente o los empresarios. Estoy furioso con un amplio sector de la sociedad.

¿Por qué? Porque se me hizo decepcionante todo ese escándalo que muchas personas armaron alrededor de las leyes secundarias, como si en verdad supieran de medios, internet y celulares.

Era asqueroso ver, leer y escuchar sus comentarios en las redes y los medios tradicionales, unos más baratos que otros, paranoicos, ridículos y superficiales.

Usted podía cambiar el nombre de Televisa o de Telmex en cualquiera de esas frases y poner el de un equipo de futbol, el de un partido político o el de una telenovela, y era lo mismo.

¿Qué? Un espectáculo decadente de amigos y enemigos donde lo importante era lo menos importante y donde lo único que contaba era imponer un punto de vista, lucirse, “ganar”.

Como con lo de los putos, como con lo de Lucero y como con lo de todas esas estupideces con las que le gusta entretenerse a la gente que ahora se las da de muy activa, democrática y pensante.

¿No les da vergüenza? Se estuvieron peleando por nada. ¿A quién le importa si las empresas de Azcárraga o de Slim son nombradas agentes preponderantes?

Eso es algo que solamente les interesa a ellos y, si acaso, a algunos de sus empleados.

A usted y a mí, de este lado de la realidad, y aunque nos juren y perjuren que los medios y las telecomunicaciones son propiedad de la nación (como el petróleo), no nos afectan.

¿O qué?, ¿acaso usted supone que, si Azcárraga se queda con un negocio y Slim con otro, le va a salir gratis el celular?

¿En verdad cree que, si uno de ellos “pierde”, la programación de la televisión se convertirá mágicamente en la cosa más perfecta del planeta?

Mire, para no hacerle el cuento largo, ¿usted sabe cuál es la programación más perfecta del planeta?

¿Usted conoce ese modelo? Con base en qué? En el rencor de un puñado de universitarios que odian las telenovelas? ¿En la pose de un grupo de intelectuales que ni siquiera ve la televisión?

Esto es una porquería por todo lo que se movió en términos sociales.

Se necesita ser muy ingenuo para no saber que, nada más en el caso de la televisión, se quede quien se quede con los nuevos canales se va a tener que aliar con el resto de los empresarios que están manejando el mercado en este momento.

¿O usted cree que una cadena nacional privada de televisión pueda sobrevivir sin elementos que solo se obtienen a través de la negociación directa con los competidores, como la presencia de la selección mexicana de futbol y el derecho a transmitir las mañanitas a la virgen de Guadalupe?

Así Azcárraga tenga que negociar con Slim o Slim con Azcárraga (más el resto de los nombres que usted quiera, guste y mande), tarde o temprano todos se van a tener que sentar a firmar acuerdos.

Y no es porque sean una mafia endemoniada que pretenda enajenar al pobrecito pueblo de este país.

Es porque así funciona nuestro modelo y eso no lo puede cambiar ni una ley ni una revolución ni un bloqueo.

Muchas personas dejaron el hígado opinando sobre la reforma en materia de telecomunicaciones para nada. ¿Cómo se sienten ahora?

¿Cómo se van a sentir mañana, cuando tengan más de lo mismo en todo, desde sus conexiones a internet hasta los planes de pago de sus celulares? ¡¿Cómo?!

Y ni se queje del espionaje, la censura o de todos esos “horrores” que se supone ahora sí vamos a tener, porque quien nos quiere espiar o censurar ya nos está espiando o censurando con reforma o sin reforma.

Y no necesariamente es el gobierno el que ejerce estas situaciones.

¿De dónde piensa usted que salen tantos “audioescándalos” que se están filtrando a los medios? ¿Quién supone usted que los graba y los envía? ¿El malvado gobierno?

¿Por qué cree usted que en algunos canales de televisión y en algunas estaciones de radio hay temas y hasta marcas que no se pueden mencionar?

¿A poco usted imagina que es por órdenes presidenciales? ¡De veras!

La próxima vez que se quiera pelear por algo, sobre todo en las redes sociales, hágalo sobre cuestiones que sí puedan representar un cambio para usted y para los suyos.

Al menos, la frustración, al final, no será tan grande como la que muchas personas deben estar experimentando en este momento. ¿O me equivoco?

¡atrévase a opinar!

 

alvarocueva@milenio.com