Ojo por ojo

“¡Estamos hasta la madre!”

Los spots del PT son tan malos, tan malos, pero tan malos que se vuelven buenos pero para hacer chistes.

Obviamente usted, como todo México, se los tiene que chutar como parte de los tiempos del INE, pero dígame si no son joyas del humor involuntario.

Analicemos su “anuncio” más representativo, ese de “¡Estamos hasta la madre!”.

De entrada, si yo me paro ante una cámara y digo “¡Estoy hasta la madre!”, no solo me corren, me cae una multa del tamaño del cielo.

¿Por qué nadie dice nada a estos señores por decir esas groserías? ¿No se dan cuenta de que ahí comienza el peor de sus mensajes, el de la impunidad?

Pero, bueno, mejor hablemos del spot. ¿Qué vemos? Por la luz, que es de mediodía.

Estamos en el comedor de una cocina de bastante buen nivel con una señora abriendo un refrigerador con muchas cosas y una niña esperando a ser atendida como para desayunar, a pesar de la hora, frente a un tazón vacío y un vaso de vidrio, sin nada, como de a litro.

La niña cuestiona: “¿Mamá, hoy tampoco voy a tomar leche?”.

Únicamente con esto ya tenemos material para hacer garras el “anuncio”.

¡Maldita niña consentida! ¿Con qué cara la reclama a su madre? ¿Por qué no se levanta y se atiende ella sola? ¡Ya está bastante grandecita!

Pero espérese, la respuesta de la señora es “sensacional”: “No, hija”.

La mocosa, en lugar de solidarizarse con su madre, en la cúspide de la inconsciencia, remata: “Vamos a comprar una. ¡Ándale!”.

Es obvio que la chamaca es una desgraciada que lo único que quiere es hacer sentir mal a su mamá. ¿Vamos? ¿A comprar una?

No y ni hablemos de los programas sociales que regalan o que hacen accesible la leche para los menos favorecidos en México, porque entonces sí no acabamos nunca.

La niña quiere leche del Oxxo. Ahí está la bronca.

¿Y qué hace la señora? Algo muy raro porque en vez de ponerla en su lugar o de servirle alguna otra de las cosas que se ven en el refrigerador, saca una jarra, le sirve un vaso de agua y le comenta:

“Es que no me alcanza. Nos subieron la gasolina. Cuestan más los camiones y las tortillas”.

Conclusión: la niña es como es porque su mamá es otra malvada, caso psiquiátrico, mala mujer que le cambia el tema como para verle la cara.

La chiquita, seguramente acostumbrada a los chantajes de su progenitora, insiste: “¡Pero yo quiero leche!”.

Aquí viene lo “mejor”. La señora ya no le contesta y comienza a pensar:

“¡Ay, mi’ja! Si supiera el mal gobierno que tenemos. Son unos miserables que no les importamos”.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? ¿Por qué el gobierno les tendría que surtir la leche?

¡Quién sabe! Pero en eso la imagen se vuelve “borrocita” y entra la voz de un locutor afirmando:

“Al gobierno tu bienestar no le importa. Al PT, ¡sí! Por eso, al igual que tú, ¡estamos hasta la madre! Piénsalo bien. Ya no votes por los mismos abusivos. Partido del Trabajo”.

¡Zaz! ¡Qué “bonito”! ¡Qué “edificante”! ¡Qué “gran” uso para los tiempos del INE! 

No, pero lo más maravilloso es lo de “Piénsalo bien”. ¿Cómo se puede pensar alrededor de un mensaje 100 por ciento irracional? ¡Cómo!

A ver si no acabamos igual de locos que la familia de este “anuncio” después de exponernos a estos materiales. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com