Ojo por ojo

La teoría del pánico

El miércoles pasado me sacaron de una librería Gandhi porque “ahí venía la turba a saquear la tienda”.

El resto usted lo sabe: saqueos de verdad, de mentira, discusión en las redes sociales, marchas, bloqueos, chistoretes, “la teoría del pánico”.

¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿En verdad el gobierno de Enrique Peña Nieto contrató terroristas para reventar las protestas y desviar la atención?

¿Es en serio eso de que una fuerza superior quiere tenernos atemorizados para impedir que luchemos por nuestros derechos?

¿Hay una entidad macabra que quiere desestabilizar a México? ¿La solución a este infierno es derrocar al Presidente?

Yo creo que ahora sí se nos pasó la mano a todos en cuanto a alucinación, rencor e ignorancia.

Y cuando digo todos, somos todos, desde el gobierno federal hasta los hombres y mujeres que nos comunicamos a través de las redes sociales, pasando por los medios tradicionales, los saqueadores y los demás.

No estamos ante un conflicto, estamos ante muchos.

Por un lado están las promesas de campaña que le dieron sentido a este sexenio, desde 2012, y que incluían, entre un montón de compromisos más, que jamás íbamos a volver a tener gasolinazos.

Por el otro, la acumulación de muchas insatisfacciones colectivas sobre asuntos vinculados a la autoridad, como cuestiones de economía, empleo, salud, educación, seguridad y relaciones exteriores.

Y, en medio, una guerra violentísima hacia el interior y el exterior de todos nuestros partidos políticos, más el peor gobierno que jamás hayamos tenido en términos de comunicación.

Cada vez que nuestro Presidente, nuestros secretarios, nuestros gobernadores o que cualquier funcionario abre la boca, no hay manera de no enojarse.

Sus palabras son o inapropiadas, o soberbias, o hirientes, o improvisadas, o irresponsables. ¡Bueno, ni para leer el prompter!

Cuando deben tener una actitud serena que nos invite a la comprensión y la paz, consiguen exactamente todo lo contrario. Son muy malos.

Imagínese que en este contexto, en pleno maratón Guadalupe-Reyes, nos meten un gasolinazo.

¡Lo que hemos visto ha sido poco! Y ni caso tiene discutir si este incremento al precio de los combustibles es alto, bajo, válido o inválido.

Estamos ante un descontento monumental donde la gente es capaz de justificar el robo a una tienda de electrónica porque “es poco en comparación con lo que se robó Duarte”.

Yo creo, repito, que ahora sí se nos pasó la mano a todos en cuanto a alucinación, rencor e ignorancia.

Aquí no hay ni buenos ni malos ni conspiraciones nacionales o internacionales.

¿Sabe cuál es el verdadero problema? Que nadie quiere asumir la responsabilidad de nada, que es más fácil echarle la culpa de cualquier cosa a los gobiernos anteriores, a las entidades macabras y hasta a la gente que tiene hambre antes de reconocer que se cometió un error y corregirlo.

¿Hasta cuándo nos vamos a cansar de jugar a ser las víctimas de alguien más?

¿Hasta cuándo nos vamos a comportar como adultos y empezar a hacer lo que nos corresponde de manera responsable y comprometida?

Y sí, la pregunta va para el gobierno y los revoltosos, pero también para usted y para mí. ¡¿Hasta cuándo?!

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com