Ojo por ojo

Un mundo sin información

Yo no sé en qué vaya a acabar esto, pero no va a acabar bien. Me refiero al futuro del periodismo en cada una de sus plataformas.

Antes, cuando solo había medios tradicionales, era fácil saber qué era la nota.

Hoy, con la evolución de la prensa más la aparición de las redes sociales, todo ha cambiado. La nota ya no es la nota y los periodistas ya no saben para quién trabajan.

Detengámonos un momento en los medios tradicionales: los periódicos, las revistas, los canales de televisión abierta y las estaciones de radio de AM y FM.

Hasta hace algunos años, cada medio era solo eso, un medio. Ya no es así. Salvo casos muy contados, de un tiempo a la fecha cada medio es una rebanada de un grupo empresarial.

Cuando se es parte de un grupo empresarial, lo importante son los resultados, el dinero.

Vale más un punto de rating que una nota documentada. Vale más un clic en internet que un comentario fundamentado.

¿Resultado? Noticias que más que noticias son detonantes de ventas, de audiencias. Historias que se traducen en circulación, en efectivo, en visitas, en polémica.

Compare una publicación periodística o un noticiario de hoy con uno de hace años y notará la diferencia, el sensacionalismo, la superficialidad.

Y donde no se nota es porque no hay ventas, porque no hay “éxito”.

A esto súmele que cada grupo empresarial tiene sus intereses, sus inquietudes, a sus amigos y a sus enemigos.

En consecuencia, cada vez es más difícil encontrar noticias que no lleven dedicatoria, que no estén planteadas para ayudar o para perjudicar a alguien.

¿Cómo le hace un periodista para sobrevivir en semejante contexto? ¿Cómo le hace para trabajar, para ser ético, para aplicar lo que le enseñaron en la universidad?

Y si esto es en los medios tradicionales privados, imagínese en los públicos, donde cada uno depende de una larga cadena burocrática donde hay todo menos apertura y recursos.

Hablemos ahora de los medios no tradicionales, de todo lo que tiene que ver con tecnología.

Ahí el choque es brutal, porque lo que de manera formal es una nota pasa a un último plano después del entretenimiento.

En YouTube, Twitter, Facebook y hasta en la más básica de las aplicaciones para celular siempre va a ser más importante un chiste, un personaje de color o un juego de palabras que una guerra, un político o una ley.

Durante años se nos ha vendido la idea de que el periodismo, la justicia y la democracia viajan a través de internet.

Siempre hay excepciones, pero la triste realidad de las cosas es que para lo único para lo que están sirviendo todos estos nuevos medios es para divertir a las multitudes.

Divertirlas fingiendo que están participando en acaloradas discusiones políticas.

Divertirlas imaginando que son parte de la solución a los peores problemas sociales.

Divertirlas haciéndolas vivir la ilusión de que son importantes, famosas, de que el mundo las está mirando, admirando, siguiendo, de que están influyendo, trascendiendo.

Pelear siempre ha sido divertido. Por eso los niños juegan a las luchitas.

Ahora no nos agarramos a golpes saliendo del colegio, nos agarramos a trendig topics, a hashtags y a likes, pero es lo mismo, un juego, un videojuego.

¿Puede haber algo más delicado que poner el futuro del periodismo en un videojuego?

Bueno, pues eso es lo que estamos haciendo. Quienes nos dedicamos a esto, ahora, no estamos trabajando para informar, lo estamos haciendo para divertir.

Para que nos volteen a ver, para que nos conviertan en tendencia, para que nos respondan, para que nos insulten.

¿Eso es periodismo? No, pero hay que hacerlo y, por lo mismo, cada vez hay más colegas jugando al talk show, al ataque, a la polémica o a la grosería, incluso en las más altas esferas políticas e intelectuales.

Y esto es mundial. El periodismo real se está convirtiendo en un asunto de nicho, de élite.

Sume todo lo que le acabo de decir de los medios tradicionales más lo que le acabo de mencionar de los no tradicionales y el resultado es deprimente.

Decimos que estamos cansados de recibir tantas noticias, especialmente las malas, pero la verdad es que no son noticias. Estamos cansados de jugar.

¿Qué va a pasar cuando despertemos de esta fantasía? ¿Qué va a pasar cuando hayamos descubierto que nos quedamos sin información?

 ¡atrévase a opinar!


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