Ojo por ojo

¿Así o más mediocres?

Yo sé que usted me va a odiar por lo que le voy a decir y que hasta me va a mentar la madre, pero no me puedo quedar callado.

Estoy en contra de que nuestros magistrados no vayan a recibir un enorme “haber de retiro” después de haber realizado sus funciones.

Y no solo eso, estoy de acuerdo con que la directora de Canal Once gane más que el presidente de la República.

Perdón, lo tenía que decir. Estoy harto de que en México se pretenda perjudicar a las personas que ganan bien a través de la publicación de sus salarios.

Estoy harto de que en mi país, cada vez que la gente se entera de lo que ganan los demás, se enoje y pretenda que ganen menos, así sean funcionarios públicos, así sean estrellas del espectáculo o del deporte, así sean ejecutivos de la iniciativa privada.

Eso me habla de una mediocridad monstruosa, de una nación que considera que la pobreza es su estado natural, de una monumental bronca ideológica.

Y lo peor del caso es que allá vamos todos a castigar al que triunfa, comenzando por la prensa y acabando con las redes sociales. ¡No, por favor!

Vámonos por partes para que usted entienda qué es lo que está pasando aquí.

Hace algunas semanas, Miguel Ángel Mancera, justo cuando nadie se lo hubiera esperado, puso en la mesa el tema de los salarios en México.

Aquello prendió con un furor impresionante. De la noche a la mañana todos nos dimos cuenta de lo amolados que estábamos y la izquierda, por supuesto, se anotó un gol.

Como que alguien dijo: “Aquí está el rating, vamos a seguir calentando la opinión pública por este lado. Ya sabemos que estamos jodidos, vamos a ver quiénes no lo están”.

¡Y que se agarran a Enriqueta Cabrera, la directora de Canal Once, de ascendencia priista!

Obviamente, cuando a usted le acaban de echar en cara lo mal que está cobrando por su trabajo y luego le salen con el cuento de que esta funcionaria pública gana más que Enrique Peña Nieto, no hay manera de no querer insultarla.

¡Cómo es posible que esa señora gana lo que gana! ¡Eso va contra la ley! Bla, bla, bla...

Mire, le voy a decir una cosa, aunque doña Enriqueta gane más que el Presidente, su salario es nada en comparación con lo que ganan los directores de los canales privados de televisión.

El sueldo de la directora de Canal Once es una vergüenza nacional e internacional.

Solo una persona ajena a la industria de la televisión se atrevería a aceptar ese puesto por ese salario que a lo mejor a unos cuantos incautos les suena alto, pero que en realidad es de pena ajena.

Cuando a mí me quisieron tentar para que hablara mal de ella filtrándome esa información, en lugar de enojarme, sentí lástima.

¡Pobre señora! Debería ganar más, mucho más. ¿Por qué diablos la opinión pública, en lugar de despedazarla, no exige que la pongan al nivel de los directivos de los canales de televisión más importantes del mundo?

Si queremos que Canal Once sea como HBO, lo primero que tenemos que hacer es garantizar salarios como los de HBO.

Lo más divertido de esta historia es que muchos de los periodistas que se esmeraron en atacar a doña Enriqueta ganan más haciendo sus noticiarios que la mismísima señora Cabrera.

Sí, yo sé que no es lo mismo juzgar a una funcionaria que vive de nuestros impuestos que a un periodista que vive de la iniciativa privada.

¡Pero qué cree! A ese periodista que vive de la iniciativa privada usted también le está dando de comer con sus impuestos.

¿De dónde cree que salen los jugosos presupuestos de la publicidad oficial de la que viven muchos programas periodísticos?

¿Ahora entiende? Esto es una burla como lo del escándalo de los magistrados y su “haber de retiro”.

¡Qué bueno que les den una pensión después de que terminen su trabajo!

¡Qué bueno que haya estímulos para ellos y que sean superiores a los que reciben los magistrados de otras partes del mundo!

¿Cómo pretendemos que a alguien con talento, ética y experiencia le den ganas de dedicarse a algo así en un país tan complicado como México si no los estimulamos con buenos salarios y excelentes prestaciones?

Volvemos a lo mismo. ¿Qué queremos? ¿Que sea mejor dedicarse al secuestro y al narcotráfico que a la justa y correcta aplicación de la ley? ¿Ése es nuestro sueño?

De ver qué mal estamos. Así jamás vamos a progresar. ¿O usted qué opina?

 

¡Atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com