Ojo por ojo

El que esté libre de corrupción…

Lo que hemos visto en medios tradicionales y no tradicionales, desde la propiedad de ciertas casas hasta las irregularidades en el Metro capitalino, tiene el sello de la intriga.

Y de repente México se convirtió en el país de la corrupción.

Que si porque el Presidente está pidiendo que lo investiguen, que si porque Marcelo Ebrard supuestamente hizo no sé cuántas cosas espantosas.

¿Le digo la verdad? Esto es de franca carcajada.

¿Por qué? Porque no se necesita tener estudios de doctorado para detectar que esta solución de última hora es un mecanismo de venganza.

Todo lo que usted y yo hemos visto en medios tradicionales y no tradicionales al respecto, desde la propiedad de ciertas casas hasta las irregularidades en el Metro capitalino, tiene el sello de la intriga.

Usted sabe: “si te quiero hacer daño, te acuso”, “si te diste cuenta que fui yo, me denuncias”, “si me caes bien, te defiendo”, “si me caes mal, profundizo”.

Si en verdad la corrupción hubiera sido una prioridad para esta administración su combate se hubiera anunciado el mismo día en que se anunció la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Esto, como usted comprenderá, es un problema todavía peor y la razón es muy simple: en lugar de combatir la corrupción, la utiliza como herramienta, la catapulta, la promueve.

¿Pero sabe qué es lo más triste? Que la única conclusión a la que usted y yo podemos llegar, como sociedad, es que todos nuestros políticos son corruptos.

Y da lo mismo si son del PRI, del PAN, del PRD o de los partidos pequeños.

El que no tiene cola que le pisen por una razón, está más que enlodado por otra.

¿En quién podemos confiar? En nadie, especialmente cuando hablamos de esos lindos personajes que se están llenando la boca proponiendo que se les imponga un castigo ejemplar a los corruptos.

Salvo honrosas excepciones, se trata de criaturas siniestras famosísimas… ¡por sus altos índices de corrupción!

Seamos honestos, la corrupción, en México, es un tema cultural.

Ni perdamos el tiempo buscando explicaciones históricas, religiosas o, incluso, genéticas. La corrupción se nos da y el que esté libre de ella, que tire la primera piedra.

Y no, no le hagamos al cuento con que no es lo mismo comprar una propiedad de varios millones de dólares con el dinero de los contribuyentes que darle una mordida al agente de tránsito que nos atrapó cuando nos pasamos un alto.

La corrupción es como el embarazo. No se puede ser o muy corrupto o poco corrupto, como no se puede estar o muy embarazada o poco embarazada.

Mientras no lo entendamos así, seguiremos jugando a la doble moral con este conflicto como lo hacemos con muchos otros.

¿Resultado? Aquí no va a pasar nada. Los de un partido dejarán de molestar a los de otro cuando la situación se vuelva insostenible, usted y yo olvidaremos estas noticias como hemos olvidados tantas otras y la corrupción se seguirá multiplicando.

¿Qué tal si en lugar de seguir así nos perdonamos? Mi propuesta es la siguiente: como en México todos somos corruptos, borrón y cuenta nueva.

Establezcamos un día en el que usted y yo nos comportemos en este país como nos comportamos en el extranjero y fin de la historia.

Que si los culpables, que si los castigos… No, mi propuesta va por otro lado, por el de la corrección, por el de la construcción.

Por eso invito a nuestros medios a que, así como el alguna vez se unieron en propuestas como la Iniciativa México, se vuelvan a unir pero ahora en un combate total contra la corrupción.

Tolerancia cero a partir de cierta fecha y ahí sí, todo el peso de la ley para el que la vuelva a practicar. ¡Por fin veríamos resultados! ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com