Ojo por ojo

Se me hace perverso

Cuando pensábamos que ya lo habíamos visto todo en materia de televisión, aparece el canal SyFy y nos presenta uno de los reality shows más apasionantes del mundo.

¿Cuál? Robot Combat League. ¡No sabe usted qué programazo!

Es como Campeón azteca, pero con robots. Un ejercicio de televisión real en donde, por un lado, tenemos el rostro humano de quienes participan, sus historias personales y las de sus máquinas, pero, por el otro, tenemos un torneo de robots que pelean como en la lucha libre, como en el box.

Y los humanos los van controlando en otro punto del cuadrilátero, pero de manera virtual, y los golpes van, y los golpes vienen, y la adrenalina fluye, y las chispas saltan, y los brazos vuelan, y la gente grita y todos, absolutamente todos, somos felices.

¿Por qué? Porque aquí no se le está haciendo daño a ningún ser vivo. Ni a una planta, ni a un animal y, por supuesto, ni a un ser humano.

Todos los golpes son reales, pero al mismo tiempo son de mentiras. Nadie se lesiona, nadie sangra y nadie muere.

Es fantástico porque, además, no estamos hablando de la frialdad que se siente cuando miramos videojuegos en televisión. Esto es distinto, tangible, más personal.

Por si todo esto que le acabo de decir no fuera suficiente como para adorar esta emisión, Robot Combat League es un programa familiar. Usted lo puede ver con sus hijos, con hombres o con mujeres y gozarlo de principio a fin.

Lo amo, simplemente lo amo, y estoy convencido de que usted lo amará tanto o más que yo, porque tiene lo mejor de los deportes con lo mejor del dramatismo más una producción espléndida.

No hay detalle que se le vaya a los organizadores de esta joya, desde la participación de invitados especiales hasta la presencia de los familiares de los jugadores (una de ellas es hija de George Lucas), pasando por la parte de los contenidos, los efectos de posproducción y el manejo de las cámaras.

Por increíble que suene lo que le voy a decir, habiendo tantas maravillas en pantalla, Robot Combat League es uno de los mejores programas de toda la televisión que usted puede ver en este momento.

De hecho, si se lo pierde, estará cometiendo un error. Esta clase de cuestiones, antes, o solo las veíamos en algunas películas como Gigantes de hierro o en algunos episodios de Los Simpson.

Ya llegaron, ya están aquí, son las peleas de robots. Se transmiten los lunes a las 20:00 por SyFy, pero hay repeticiones toda la semana. ¿Se las piensa perder? No, por favor.

Y ya que estoy en reality shows, volvemos a lo mismo. Desde la semana pasada, el canal Cadenatres está transmitiendo El Factor X.

No, no es otra versión mexicana o latina de The X Factor. Es algo peor, un The X Factor pero con niños y la participación, como jurados, de personalidades tan queridas a escala nacional e internacional como Belinda y Angélica María.

¿Por qué le digo que volvemos a lo mismo? ¿Cuál es el problema?

¿Se acuerda de mi crítica a La Academia Kids? ¡Ése es el problema!

Por más que me digan, por más que muestren, yo no puedo apoyar un programa de televisión donde se juega con los niños.

No me interesa si es muy honesto, si es muy blanco o muy de verdad. Ya no estamos en los tiempos ni de Juguemos a cantar ni de cuando Capulina buscaba a una protagonista para la telenovela Mundo de juguete.

Hoy nuestros niños ya no son ni la sombra de lo que eran antes. Solo importan para efectos políticos o comerciales. Casi nadie genera contenidos para ellos.

Son el objeto favorito de burla de ene cantidad de comediantes, los bufones de muchas pantallas y ni hablemos de lo que pasa con ellos a nivel explotación sexual y trata de personas, porque jamás acabaríamos de llorar.

Éstos no son tiempos para ver a nuestros niños exhibiéndose como fenómenos de circo, interpretando canciones impropias para su edad o haciendo cosas que no entienden.

Son tiempos en los que deberíamos estar haciendo algo por ellos, por entretenerlos, por enseñarles a defenderse. ¿Sí me entiende?

Suspirar mientras una chiquita interpreta una canción de amor no se me hace divertido, se me hace perverso.

Por eso aquí, como le dije cuando se presentó La academia kids y como lo voy a hacer si a Televisa se le ocurre volver a hacer Pequeños gigantes, por las más elemental ética, no voy a decir nada.

Se acabó. Que me perdone su producción, que es particularmente excelente, pero cualquier cosa que yo pudiera decir a favor o contra de esta clase de títulos para lo único que va a servir va a ser para promoverlos y no, yo no puedo.

Usted me conoce, sabe que estoy muy comprometido con el tema de los derechos de los niños y con el combate a la trata de personas, y esto, que aparentemente es muy chistoso, es un atentado contra estas cuestiones.

Prefiero ver robots. ¿O usted qué prefiere? ¿O usted qué opina?