Ojo por ojo

Donald Trump vs. el fantasma de Fidel Castro

La muerte de Fidel Castro es lo mejor que le pudo haber pasado a Donald Trump.

Ahora sí tiene la película perfecta para lucirse con el pueblo de Estados Unidos, para crear un enemigo, para liberar una isla, para convertirse en el héroe de la nación más poderosa del mundo.

Por eso, prácticamente al mismo tiempo que se dio la noticia de la muerte de ese personaje, comenzaron los ataques en los medios tradicionales y no tradicionales.

Que si Fidel Castro era la cabeza del narcotráfico mundial, que si ese maldito dictador era un “separador de familias” y responsable de que uno de los territorios más prósperos de Occidente se hundiera en la peor de las miserias.

¿Y qué me dice de la manera como ejercía la tortura, de sus violaciones a los derechos humanos y de la forma como controlaba a la prensa?

Por supuesto que Fidel Castro merecía morir, y si no se hubiera muerto, Donald Trump lo hubiera matado con sus propias manos.

Y como Barack Obama trabaja de prudente, la única visión que destaca en todo Estados Unidos es la de Trump.

Y como el comandante está muerto, ni modo que se defienda.

Es, insisto, la película perfecta, el espectáculo que el presidente electo de Estados Unidos necesitaba para congraciarse con su nación y unificarla a través del odio.

¿Por qué cree usted que ayer vimos en la televisión de aquel país a tanta gente celebrando?

¿Por qué cree que algunos senadores aprovecharon para insinuar, de una manera bastante ingeniosa, que lo más justo sería que Trump invadiera Cuba para liberarla?

¡Hasta parece que lo mandaron matar! ¡Qué bárbaros! ¡Qué éxito!

Y como los millennials solo saben etiquetar y hacer memes, ni quién cuestionara a los medios.

Al contrario, qué risa que se murió ese viejito, estaba haciendo el mannequin challenge, qué chistosos sus pants.

¿Así o más libre el camino para que Trump y su gente borren de la memoria colectiva al comandante?

¿Así o más triste que esta noticia se esté utilizando para efectos propagandísticos?

Ahora resulta que todo en Cuba es malo, que hasta lo que pensábamos que estaba bien está mal.

Ahí va a suceder algo espantoso porque ya hay grupos que están trabajando para convertir la figura del comandante en la del peor de los monstruos.

Lo que no están considerando es que ellos, que llegaron a la cima por saber manejar las reglas del espectáculo, podrían estar cavando su propia tumba con esta guerra ideológica.

Y es que al pelear contra la memoria de Fidel Castro están alimentando su mito, están manteniendo vivo a un fantasma que en cualquier momento pudiera resucitar y meterles un susto todavía peor que el de 1959.

Fidel Castro no es un personaje del siglo XX, como dicen muchos. Es un personaje del futuro del siglo XXI.

Si tantos rencores y tantas ideas oscuras de un pasado que todos creíamos superado están regresando en la actualidad, ¿a usted no se le haría lógico que en cualquier momento el espíritu de Fidel Castro pudiera regresar como una especie de respuesta, de freno, de oposición?

¡Cuidado! La muerte de Fidel Castro es lo mejor que le pudo haber pasado a Donald Trump, pero él y su equipo están a nada de echarlo a perder. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com