Ojo por ojo

El final de Estados Unidos

A ver, señores, no nos hagamos tontos. El problema de las elecciones en Estados Unidos no es si va a ganar Donald Trump o si la victoria se la va a llevar Hillary Clinton.

El problema es que gane quien gane, nosotros perdemos.

Y no me refiero nada más a los mexicanos, a los migrantes, a los musulmanes y a la larga lista de “minorías” que han aparecido en esta historia.

Me refiero a la humanidad entera.

Hasta antes de este proceso electoral, Estados Unidos era la tierra de las oportunidades, el faro de la libertad.

¿Quién va a seguir creyendo eso después de todas las barbaridades que se han dicho en los últimos meses?

¿A quién le dan van a dar ganas de continuar iluminándose con esos valores después de todas las aberraciones que hemos visto?

Y si Estados Unidos era el modelo a seguir por decenas de países en el mundo entero, ¿qué va a pasar ahora?

¿El odio se convertirá en el motor de todas esas naciones? ¿La discriminación se volverá la clave para avanzar?

¿La intolerancia se empezará a ver como algo natural hasta que nada ni nadie se sorprenda si se construyen más muros o si se asesina a más personas?

Esto es más grave de lo que parece. Estados Unidos era el ejemplo a seguir. El sueño americano era el sueño de millones de hombres y mujeres en todo el planeta.

¿A eso es a lo que aspiramos ahora? ¿A eso es a lo que vamos a aspirar?

¿A tener gente persiguiendo a la gente por su nacionalidad, por su religión, por su sexo, por su color, por la vida íntima de sus parejas y hasta por sus correos electrónicos?

Porque podrá haber o no reformas de un tipo o de otro, pero el fantasma de todas las cosas que se han dicho en estos días y que está en los corazones de miles de personas jamás desaparecerá.

¿O qué, todo ese rencor se va a evaporar al día siguiente de las elecciones? ¿Mágicamente todos quedarán conformes?

Atrás de este espectáculo tan obsceno y decadente han quedado heridas hacia el interior y hacia el exterior que tal vez nunca cerrarán.

¿Quién va a querer, por ejemplo, volver a creer en la democracia si ya vimos que ni siquiera ahí, en la nación más poderosa del mundo, existen candidatos sin mancha?

¿Hacia dónde va a ir eso si ya vimos que la gente no vota para que gane su candidato, sino para impedir que gane el otro?

Y aunque gane el que gane, después de este proceso quedará una multitud furiosa, frustrada, la que le iba al otro o a la otra y que, por supuesto, buscará venganza hasta salirse con la suya en cuatro, ocho o 12 años más.

Claro, mientras tanto veremos de todo: protestas, violencia, congresos paralizados, ruido en las redes sociales. 

Esto ya no funciona, es tristísimo, es el final de un era. Adiós democracia. Adiós esperanza. Adiós tranquilidad.

Yo nada más me pregunto: ¿quién se quedará con el título de faro de la libertad después de esto? ¿Qué país? ¿Qué cultura?

¿Hacia dónde dirigiremos nuestros sueños? ¿Quién nos va a servir de modelo para progresar?

A ver, señores, no nos hagamos tontos. El problema de las elecciones en Estados Unidos no es si va a ganar Donald Trump o si la victoria se la va a llevar Hillary Clinton.

El problema es que gane quien gane, nosotros perdemos. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com