Ojo por ojo

Donald Trump, el mejor

No me gusta decir “se lo dije” pero “se lo dije”: Donald Trump es un genio y por eso ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Él supo entender que vivimos en la cultura del espectáculo. Él supo entender los códigos que se manejan hoy.

Y no, yo, a diferencia de la mayoría de nuestros analistas políticos, esos que se la pasaron rasgándose las vestiduras por el supuesto absurdo de la candidatura de Trump, no voy a jugar ahora a “¡Claro! ¡Era obvio!”

Para mí siempre estuvo claro, para mí siempre fue obvio y la hemeroteca no me dejará mentir.

¿Cuál es el problema? Que nuestros intelectuales trabajan de eso, de intelectuales, y son incapaces de rebajarse al nivel de la gente, al nivel de la era del espectáculo.

¡Pero qué cree! Política y democracia son gente, son espectáculo. Por eso ellos viven en una realidad aparte y nosotros votamos por personajes como Donald Trump.

No, pero espérese, todavía no acabo. Aquí hay un asunto que debemos poner en la mesa y que tiene que ver con la irresponsabilidad de los medios tradicionales.

¿Cómo es posible que ellos, que están luchando por sobrevivir en esta época de transición, hayan hecho del señor Trump un monstruo?

¿Cómo es posible que hayan jugado a juzgarlo, a enfrentarlo, en lugar de haberlo entendido?

Donald Trump no es ni la reencarnación de Hitler ni el protagonista de una película de terror. Donald Trump somos todos.

¿O qué, a usted no le da coraje que aquí, en México, a los extranjeros les vaya mejor que a los suyos que sí nacieron en este suelo?

¿Usted no se ha manifestado a favor de que los fanáticos del futbol griten “¡Puto!” en los estadios?

¿Usted no ha salido a las calles a defender a los animales por encima de los seres humanos?

¿Usted no ha despreciado a alguien por el color de su piel, por gordo, flaco, joven, viejo, por su religión, su ropa, su “clase”, su orientación sexual, sus tatuajes o por ser maestro?

¿Usted no ha fulminado con la mirada a alguna persona mientras maneja en el tráfico? ¿Usted no ha perdido la paciencia en algún lugar?

La diferencia entre nosotros y el presidente electo de Estados Unidos es que nosotros somos hipócritas. Trump, no. Él es honesto.

Él dice lo que siente, lo que piensa. No le da miedo ser incómodo, grosero, incorrecto.

Si usted quiere pensar que Donald Trump es como los millennials y que eso es malo, perfecto.

Yo pienso diferente, creo que el nuevo presidente de Estados Unidos es nuestro mejor espejo y que eso es bueno.

Porque todos, hoy, gracias a la tecnología, a las redes sociales, ya no tenemos que fingir. Somos lo que somos, le guste a quien le guste, le moleste a quien le moleste.

Por tanto, hoy, todos somos mejores y ese señor es el mejor.

¿A usted no le gusta el odio y por eso, paradójicamente, odia a Donald Trump?

Excelente, comience entonces por manejar sus propios odios en lugar de irse contra el señor Trump. Sea congruente. ¡No le dé la razón!

Yo lo único que espero es que los políticos mexicanos aprendan y se pongan las pilas rumbo a 2018.

¿Por qué? Porque el que no entienda las reglas del espectáculo, el que no sepa leer los códigos de la actualidad, como Donald Trump, evidentemente perderá. ¿A poco no?

¡atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com