Ojo por ojo

¡Esto es una desgracia!

Estoy alarmado por el tema de los contenidos en los medios de comunicación.

Por un lado, acabo de escuchar al Presidente en su mensaje ante la CIRT, donde hablaba de una radio y de una televisión que evidentemente ni escucha ni mira.

Todo era: “¡Oh, qué bonito! ¡Oh, cuánta responsabilidad social! ¡Oh, cuánto compromiso con México!”

Y, por el otro, en más de un programa de radio me ha tocado escuchar a grandes, verdaderamente grandes comunicadores, burlándose de los esfuerzos de asociaciones como A Favor de lo Mejor, que están luchando por sensibilizar a diputados y senadores para que incluyan este asunto como parte de la reforma en materia de comunicaciones.

¿Y por qué se burlan? Porque se les hace poca cosa, una necedad, un acto frívolo de personas ociosas, algo que no le debe importar a nadie cuando las cosas están tan mal en tantos puntos de la nación.

En resumen, esto es una desgracia y si no hacemos algo pronto, en cuestión de meses no solo vamos a tener más medios, vamos a tener más problemas.

Y es que la parte de los contenidos en los medios de comunicación es la que nos convierte en lo que somos, la que nos dice cómo hablar, cómo actuar, cómo vernos, cómo sentir y hasta cómo pensar.

Muchos de nuestros peores conflictos sociales tienen que ver o con las propuestas de los medios tradicionales o con el reforzamiento que los medios tradicionales hacen de éstas.

Todo tiene que ver con medios, especialmente con la televisión abierta nacional, desde la violencia hasta la misoginia, pasando por el racismo, el clasismo, el machismo, la ignorancia y la homofobia.

Qué pena que nuestro Presidente, que nuestros diputados, nuestros senadores y que hasta nuestros líderes de opinión no vean más allá de sus finos noticiarios y mesas de análisis.

Se morirían de la vergüenza si se atrevieran a sintonizar, solo por un día, todo lo que pasa en nuestras telenovelas, emisiones deportivas, talk shows, programas de espectáculos, de revista, de concursos y reality shows.

No darían crédito de la clase de porquerías audiovisuales que nutren a nuestros hijos y no estoy hablando en términos morales o de buen gusto, estoy hablando del más elemental manejo de conceptos.

Obviamente hay canales y programas que se salvan, pero son señales y títulos que ni remotamente gozan de la distribución de Sabadazo, Laura, Extranormal y Venga el domingo.

Son producciones que ni en sus mayores fantasías podrían competir contra los albures de El Vítor o contra las groserías de Las Lavanderas.

¿Por qué le estoy escribiendo esto? Porque es mentira que en medio de la avalancha informativa que estamos viviendo no haya gente preocupada por el manejo de los contenidos en los medios de comunicación.

Hay muchas personas, de todos los rincones de México, de todas las edades y de todos los niveles socioeconómicos, que se están quejando a través de diferentes plataformas.

Lo acabo de confirmar con dos eventos fundamentales: la entrega de los Premios Quálitas y lo que será La Noche de las Publivíboras.

¿Qué son los Premios Quálitas? Una iniciativa maravillosa de A Favor de lo Mejor que se efectuó el miércoles pasado, donde el público reconoció, a través de su voto, lo más valioso de la radio y la televisión.

Usted no tiene ni idea de cómo la gente se mató para que le dieran un premio a proyectos como Esperanza Azteca, De raíz luna o Conversando con Cristina Pacheco.

Y lo más interesante es que estos premios incluyen propuestas de varios grupos de jóvenes que también están peleando por la creación de buenos contenidos.

Busque los resultados en la página de internet de A Favor de lo Mejor. Se va a sorprender. 

¿Qué es La Noche de las Publivíboras”? Un gran evento que desde hace años organizan El Observatorio de las Publivíboras, La Cabaretiza, el Indesol y Las Reinas Chulas para denunciar, a través de una premiación, a lo peor de la publicidad, a los anuncios más misóginos de este país.

Lo invito a que vaya mañana lunes 25 a las 20:30 al Teatro de la Ciudad, en el Distrito Federal, para que sea parte de la edición 2013 de este acto.

Se va a querer morir cuando se dé cuenta de lo mucho que estamos retrocediendo en nuestras propuestas mediáticas. ¡Parecemos cavernícolas!

Esto es alarmante y lo tenemos que detener. ¿O usted qué opina?

¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com