Ojo por ojo

Yo no creo en las nuevas cadenas de tv

Si aspiramos a un verdadero cambio, a otros contenidos, a otras formas y, sobre todo, a otros resultados, tenemos que voltear hacia la televisión pública.

Todo el mundo está fascinado con este asunto de las nuevas concesiones de televisión abierta nacional.

Y sí, qué “bonito” que Grupo Radio Centro y Grupo Imagen Multimedia vayan a tener señales como El Canal de las Estrellas y el Trece.

Están en su derecho y ojalá que les vaya bien. La bronca es que no nos van a ofrecer nada nuevo en materia de contenidos.

Analice usted, por favor, la programación que tienen ahora en sus diferentes plataformas.

¿Qué tienen de diferente? ¿Qué tienen como para que Televisa y Azteca se pongan a temblar?

Es pan con lo mismo y hasta con los mismos talentos.

Le voy a decir cuál es la verdadera nota detrás del otorgamiento de estas concesiones: el silencio de la autoridad en relación con la cadena pública de televisión nacional que Enrique Peña Nieto anunció el día que tomó posesión.

¿Dónde está ese canal superpoderoso? ¿En qué va? ¿Dónde están sus instalaciones? ¿Quién lo va a dirigir? ¿De dónde se va a nutrir?

¿Cuál va a ser su presupuesto? ¿Cuál va a ser su programación?

¿Qué tan libre va a ser del gobierno en términos editoriales? ¿Hasta dónde va a vivir de nuestros impuestos y hasta dónde de otras instancias?

¿A poco de aquí a 2018 todo esto va a estar definido, terminado, funcionando y transmitiendo noticiarios, series, deportes, caricaturas y telenovelas como pasa en las mejores cadenas de televisión pública del mundo?

Volvemos a lo mismo: qué rico el chisme sobre los dueños de Grupo Radio Centro y de Grupo Imagen Multimedia sobre sus negocios, sobre los millones que van a pagar y sobre lo que juran y perjuran que van a hacer.

Pero si aspiramos a un verdadero cambio, a otros contenidos, a otras formas y, sobre todo, a otros resultados, tenemos que voltear hacia la televisión pública.

Tanto Grupo Radio Centro como Grupo Imagen Multimedia van a ir por lo mismo que Televisa y Azteca: el dinero.

¿Y cómo se obtiene eso? Con rating, acciones bursátiles, producciones que cuesten poco y que dejen mucho, intercambios publicitarios, negocios paralelos.

Ojo, no estoy diciendo que esto sea malo. Lo que estoy diciendo es que me parece enfermo echar las campanas al vuelo por la llegada de más cadenas nacionales de televisión abierta privada en este 2015 como si todavía viviéramos en 1993.

La única ecuación mediática actual donde la televisión trabaja para una audiencia antes que para un anunciante es la de los canales públicos.

México no solo necesita más canales de televisión abierta privada nacional, necesita canales públicos.

Aunque usted pueda ver en su ciudad señales como las de Canal Once, Conaculta Canal 22 o Mexiquense TV, ninguna de ellas es nacional.

Y por si esto no fuera suficiente, ninguna de ellas hace algo lo suficientemente importante como para opacar a las televisoras privadas.

¿Cuáles han sido, por ejemplo, las noticias que han marcado agenda que han salido de Canal Once?

¿Cuáles han sido las series de producción propia de Conaculta Canal 22 que le han quitado rating a las telenovelas de Televisa?

Acuérdese de cuando teníamos Imevisión, de todo lo que se hizo ahí, de todo lo que nació ahí.

Hoy no tenemos nada parecido. Nada.

Simulamos que estamos muy contentos por la llegada de Grupo Radio Centro y de Grupo Imagen Multimedia a las grandes ligas cuando lo que deberíamos hacer es estarle exigiendo al gobierno lo demás.

¿Qué pasó con la cadena pública? ¿Cuándo inicia operaciones?

Silencio. Nadie sabe. Nadie supo. ¿O usted sí?

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com