Ojo por ojo

El circo del niño de Tabasco

Yo también vi el video del “niño humillado de Tabasco” y estoy aterrorizado, pero no por ese cuento de “pobrecito muchachito”. Estoy aterrorizado por todo lo demás.

¿Qué? El grado de manipulación, la ausencia de raciocinio de la gente que se expone a esa clase de materiales, el poder de las redes sociales y el futuro de la justicia.

A ver, a ver, a ver, ¿de cuándo a acá la supuesta humillación a un niño es noticia prioritaria en este país?

Sí, yo sé que duele, pero, de veras, ¿no tenemos ninguna otra noticia por la cual preocuparnos en esta nación?

¿A usted no se le hace sospechoso que mientras hay tantos problemas en tantos lugares, la nota sea un niño tzotzil?

¿Sabrán los doctos reporteros que divulgaron esa noticia y los guapísimos conductores de los noticiarios que se entregaron a ella quiénes son los tzotziles?

¿En qué momento los indígenas se convirtieron en su fuente? ¿En qué momento se comenzaron a preocupar por los pobres?

No se necesita tener doctorado en información para detectar que ésta es una cortina de humo o una nota jala-rating, más digna de emisiones como Laura que de los servicios noticiosos más influyentes de la nación.

Y nosotros, allá vamos, nos enojamos, pedimos la cabeza del monstruo que se atrevió a faltarle al respeto a ese vendedorcito, celebramos que le hayan dado una beca y, lo más interesante, jamás enchufamos las neuronas.

Yo, por más que lo he buscado, no he tenido acceso al video completo de esta situación.

¿Cómo fue que ese funcionario abordó a ese niño? ¿Cómo fue que a alguien se le ocurrió encender una cámara que, a todas luces, no estaba escondida?

A lo mejor yo soy un desgraciado, pero jamás oí que Juan Diego López Jiménez, el famoso funcionario, le ordenara al muchacho que tirara sus dulces al suelo, jamás lo vi golpeándolo.

Y, lo más grueso, sí escuché cuando dijo que un menor de edad no tiene por qué estar vendiendo cigarros y sí vi cuando se los confiscó.

¿Adónde quiero llegar? A que ese hombre lo único que estaba haciendo era cumplir con su trabajo.

Si el niño se puso nervioso porque es víctima de otras cuestiones, ése ya es otro asunto, pero yo le doy la razón a don Juan.

Los niños no tienen por qué estar trabajando ni aunque sean pobres ni aunque estén de vacaciones y lo menos que deben hacer es vender cigarros en la vía pública.

¿Quién le dice a usted que el funcionario no estaba buscando drogas (que son muy comunes en las canastas de chiquitos como ése)?

¿Quién le dice a usted, así, con tan solo mirar ese video, que ese niño no era víctima de trata de personas como tantos vendedores ambulantes?

¿Quién le dice a usted que ese video no lo grabó el maldito explotador de menores que tenía esclavizado a ese chamaco y que fue él quien lo subió precisamente para perjudicar a ese funcionario?

Ojo, no estoy diciendo que hay que humillar a los niños, a los pobres o a los indígenas; estoy diciendo que antes que reaccionar hay que reflexionar.

Y si realmente estamos tan comprometidos con los niños, con los pobres, con los indígenas y con los ambulantes, hagamos algo más que exigir que corran a un funcionario que no estaba haciendo nada malo.

Y de una vez se lo aclaro: si usted piensa que don Juan fue muy agresivo con ese niño, es porque, definitivamente, no ha visto a otros funcionarios tratar a otras personas. ¡El señor fue fino!

Lo que pasa es que, para su desgracia, lo grabaron. ¿Así es como va a funcionar la justicia ahora? ¿A través de videos?

¿A usted ya se le olvidó que la experiencia nos ha enseñado que pocas cosas pueden ser más manipulables que un video?

Tengo miedo porque esto ya es un reto para las instituciones judiciales. ¿Quién va a mandar aquí? ¿Ellas o YouTube?

No, y espérese porque esto se va a poner peor cuando todos podamos grabar a todos, sin que nadie se dé cuenta, a través de los dispositivos que empresas como Google van a poner a la venta.

Usted nada más acuérdese de lo que le voy a decir: vienen tiempos muy malos.

Nos la vamos a pasar de lady en lady y de gentleman en gentleman, lo cual es tristemente normal en una sociedad de castas como la nuestra.

Pero, ¿y lo importante? Bien, gracias. Ahí nadie se va a querer asomar. Por tanto, quien quiera nos va a poder agarrar bien y bonito como país y como sociedad. ¿A poco no?