Ojo por ojo

¡Tan “bonito” todo!

No solo les están jugando chueco. Ahora resulta que son los causantes de las peores desgracias nacionales. Ellos, los maestros. Ellos y nada más ellos.

No le voy a mentir, estoy muy molesto con lo que le está pasando a nuestros maestros, no nada más en Oaxaca, en todo México.

¿Por qué medio mundo dice que son unos holgazanes, ignorantes y corruptos que viven de nuestros impuestos?

Primero, si esto fuera un concurso de holgazanería, ignorancia y corrupción de gente que vive de nuestros impuestos, muchas de las personas que más están atacando a nuestros maestros les ganarían.

Y, segundo, aquí no se está jugando el futuro de la educación en México, se está jugando nuestro futuro.

Se lo voy a explicar con una historia personal: la mía.

Soy un adulto de 47 años. Trabajo formalmente desde los 18. ¿Qué significa esto? Que pago impuestos desde que comencé a laborar en enero de 1987.

Cuando empecé en esto, la gente obtenía un empleo y, con ello, recibía prestaciones.

¿Como cuáles? Como Seguro Social, un fondo para la pensión, facilidades para obtener un crédito hipotecario y vacaciones, por mencionar las más obvias.

¿Sabe usted cuál de todas las empresas para las que he trabajado desde entonces me ha dado Seguro Social? Ninguna.

¿Sabe usted cuánto tengo ahorrado en mi fondo de pensión? Ni un peso.

¿Y mi crédito del Infonavit? ¡Cuál! Nunca lo he tenido. ¿Vacaciones? ¡Por favor! Si dejo de escribir, me dejan de pagar. O sea, no tengo derecho a vacaciones.

Como yo nunca he gozado de nada, ya sé a qué atenerme. Por eso me da mucho “gusto” cuando me suben los impuestos, cuando se devalúa la moneda y cuando los cobradores me buscan con más rabia que a El Chapo.

¡Pero qué cree! Muchos de mis compañeros de generación sí obtuvieron un empleo de verdad desde aquellos tiempos y llevan años disfrutando de sus prestaciones.

Imagínese que un buen día alguien les saliera con la novedad de que como son unos holgazanes, ignorantes y corruptos, sus prestaciones van a depender de un examen.

Deje usted que si el examen es bueno, malo, si tiene alguna finalidad oculta o si solo es un pretexto porque de cualquier manera los van a despedir.

¿Cómo se sentiría usted si después de tantos años lo obligaran a vivir eso?

Una evaluación no estaba en su plan de vida, jamás se los dijeron cuando los contrataron. ¿Cómo se sentiría?

A esto súmele el ataque constante de los especialistas, de un alto porcentaje de medios de comunicación y de gente que ni siquiera tiene vela en este entierro pero que es muy buena para insultar.

¿Cómo se sentiría? ¿Qué haría si de repente le avisaran que se va a quedar sin nada, que va a perder todo lo que le prometieron y si, entre notificación y notificación, lo insultaran y lo etiquetaran como con ganas de que jamás pudiera encontrar trabajo en ninguna otra parte?

Bueno, así se sienten miles de maestros mexicanos.

No solo les están jugando chueco. Ahora resulta que son los causantes de las peores desgracias nacionales. Ellos, los maestros. Ellos y nada más ellos.

Yo no sé si usted tenga un muy buen empleo o si goce de muchas maravillosas prestaciones.

Pero de todo corazón le deseo que cuando llegue a mi edad, no llegue en las condiciones en las que estoy llegando, que son las mismas que se van a poner de moda cuando diferentes instancias derroten a esos holgazanes, ignorantes y corruptos que viven de nuestros impuestos.

Despidámonos de los derechos laborales. Recibamos una nueva era donde cada quien se va a rascar con sus propias uñas a pesar de cualquier aportación. ¡Tan “bonito” todo!

¡Atrévase a opinar!

alvarocueva@milenio.com