Ojo por ojo

El arte de distraerse con cualquier cosa

El INE es una entidad que se merece todo nuestro respeto, independientemente de cambios de nombre, reformas políticas, presidencias o intereses especiales.

Por supuesto que estoy escandalizado con las muy desafortunadas declaraciones de Lorenzo Córdova, el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral.

Lorenzo, en lugar de haber dicho “soy el gran jefe Toro Sentado”, debió haber dicho “pinches indios pendejos hijos de su rechingada madre”.

Digo, si vamos a jugar a la indignación, vamos a hacerlo en serio, con palabras rudas, con gente que en verdad merezca la horca por sus declaraciones, no por algo tan estúpido.

Y es que, con la pena, el señor Córdova podrá ser todo lo que usted quiera, guste y mande pero nosotros somos peores, somos unos verdaderos idiotas al caer, como caímos, en un truco tan barato.

Se necesita ser muy tonto para no detectar, a la primera, que atrás de eso está la mano de alguien que lo que menos quiere es defender a nuestras comunidades indígenas.

Ahí, de lo que se trataba, era de desviar la agenda nacional que en ese instante iba hacia puntos particularmente concretos y delicados.

Después, perjudicar a Lorenzo. ¿Por qué? Seguramente porque algo muy bueno habrá hecho.

Y por último, de desprestigiar al INE, de conseguir que todos en México hablemos mal de él, que lo rechacemos, que lo aniquilemos.

¿Sí se da cuenta o se lo explico con manzanas y naranjas? ¿Entonces por qué reaccionamos como reaccionamos?

¿Por qué hicimos exactamente lo que esa entidad quería? ¿Tan predecibles somos? ¿Tan poco valemos?

Por supuesto que todo lo que le oímos al señor Córdova se oye feo, pero no se oye ni mejor ni peor a lo que oímos en mil lugares, algunos de ellos mucho más importantes que el INE, todos los días.

Que si Lorenzo pecó de ingenuo. ¡Por supuesto que sí! Se necesita ser o muy novato o muy cínico para tener semejantes conversaciones, por el medio que sea, siendo una figura pública, y asumir que jamás habrá repercusiones.

Que si lo manejó muy mal. ¡Claro! Pero no mal, pésimo.

Me asusta que en nuestro país nadie, desde nuestros más encumbrados políticos hasta nuestros más humildes cantantes, tenga buenos asesores o los escuche con atención para resolver conflictos como éste.

Pero aquí el tema no es ni Lorenzo Córdova, ni la grabación de conversaciones privadas, ni el racismo ni las groserías. El tema somos nosotros.

¿Hasta cuándo vamos a ser tan básicos como para prestarnos a las truculencias más elementales de las redes sociales y los medios de comunicación?

¿Hasta cuándo vamos a mostrar un poco de madurez y dignidad como sociedad pensante?

¿Hasta cuándo vamos a dejar de montarnos en estos ejercicios de doble moral para fingir una indignación que somos incapaces de manifestar más allá del Twitter o del Facebook? ¡Hasta cuándo!

¿Con qué cara criticamos a nuestros políticos si nosotros somos iguales o peores que ellos?

¿Con qué cara aspiramos a la democracia, al progreso y al cambio si nos prestamos para esto y más?

El Instituto Nacional Electoral es una entidad que se merece todo nuestro respeto, independientemente de cambios de nombre, reformas políticas, presidencias o intereses especiales.

La idea con esta filtración era meterlo en problemas, hacer que la poca gente que todavía le daba su lugar, lo comenzara a atacar, que comenzara a dudar de él, a acabar con él.

¿Qué pasaría con México y su democracia sin el INE? ¿Qué pasaría con esta institución si la dejáramos de respetar como hemos dejado de respetar a muchas otras en los últimos años?

Ahí está el punto y nosotros caímos. ¡Cómo ve!

¡Atrévase a opinar!

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