Ojo por ojo

El año de la soberbia

Las reformas estructurales, Ayotzinapa, el nuevo aeropuerto. ¿Cómo podríamos definir a 2014? ¿Sabe cómo? Como el año de la soberbia.

Más allá de los muertos, de las injusticias y de una inmensa lista de problemas nacionales e internacionales, la soberbia fue lo que definió el período que está por terminar.

Sí, la soberbia, el más serio de los pecados capitales, el primero, el original.

Como usted sabe, se trata de la sobrevaloración del yo, de ese deseo de ser el más importante, el más influyente, el más guapo, el más divertido, el más inteligente, el más culto, el más irreverente, el más, ¡el más!

¿Y las demás personas? Cuando se trata de soberbia, los demás no importan.

Cualquier hombre o mujer diferente, cualquier criatura que no halague nuestra vanidad, está mal, está equivocada, es despreciable, menor, “prole”.

En 2014 vivimos el imperio de la soberbia. Todos fuimos perfectos, todos tuvimos la razón.

Desde los anarquistas hasta los defensores de los derechos de los animales pasando por los asesinos, los pamboleros, los putos, los maestros, los narcos y los usuarios de Uber.

¿Resultado? El más estrepitoso rompimiento con el contrato social de todos los tiempos.

Rompimiento que también pudimos ver en Estados Unidos, Pakistán, Rusia y Corea del Norte, por no decir que en todo el mundo.

¿Qué fue lo que pasó? Que en los últimos 12 meses nadie quiso ceder. Ni los extremistas, ni los racistas, ni los homofóbicos.

2014 fue el año de: o se hace lo que yo quiero, como yo quiero, o no se hace y cuando digo no se hace, soy capaz hasta de ejercer el terror con tal de salirme con la mía.

Lo vimos en la política, en la impartición de la justicia y en los grandes conflictos de seguridad nacional, pero también en los estadios, en los cines, en la televisión y hasta en nuestros hogares.

En los últimos seis bimestres dejamos de ser animales sociales para transformarnos en criaturas egoístas, arrogantes, narcisistas.

Ya no queremos ver a los demás, queremos vernos a nosotros mismos y que los demás nos gocen, que nos envidien, que nos den like.

Por eso en 2014 las selfies se volvieron más valiosas que el resto de las fotografías, las redes sociales absorbieron nuestro tiempo y nuestra concepción de la realidad se redujo a un café de Starbucks.

Si yo digo que lo quiero latte, deslactosado, light, tamaño venti, con dos sobres de Splenda y tibio, es latte, deslactosado, light, tamaño venti, con dos sobres de Splenda, tibio y que chinguen a su madre los que no estén de acuerdo.

Ahí está la razón de toda la furia que padecimos en el último año, desde la reacción de Lucero al escándalo en donde se le posicionó como cazadora hasta el video que Angélica Rivera subió a internet.

Pasando, por supuesto, por el “ya me cansé”, la defensa a las bonitas porras de la Selección Mexicana de Futbol, la avalancha de memes y los discursos del Teletón.

En el año que está a punto de acabar, si una persona decía que El Chapo no era El Chapo, no era El Chapo “y te callas”.

Y si otra decía que el Presidente era el responsable de la desaparición de los normalistas de Guerrero, pues ni modo, fue el Presidente y salgan todos a las calles de exigir su renuncia.

¿Sí se da cuenta de lo que pasó en 2014? Fue tanta nuestra soberbia que cada quien convirtió sus pequeñas inquietudes personales en grandes causas globales.

Conclusión: una colección de fenómenos virales que fue reclutando multitudes conforme se fueron sumando las insatisfacciones.

Y como en un contexto donde lo único que existe es el yo lo único que puede florecer es la insatisfacción, aquello nos llevó a una epidemia de frustración colectiva como jamás se había visto en la historia.

Fantasmas que ya estaban más que superados como la matanza de Tlatelolco, las devaluaciones de los años 70 y 80, y los errores de la administración de Carlos Salinas de Gortari, resucitaron con más fuerza que nunca.

Ahora resulta que todos vivimos en el infierno, que no hay futuro y que la única salida es la revolución.

¿Así o más confundidos? Fíjese lo que la soberbia puede llegar a hacer en los seres humanos. Fíjese la clase de año que tuvimos.

Sí está de pensarse, ¿verdad? ¿O qué, usted cree que esto va a cambiar en 2015? Al contrario, se va a poner peor.

¡Prepárese!

¡atrévase a opinar!

 

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