Ojo por ojo

Un año sin futbol

¿Conoce la manera de solucionar esto? Haciéndole como le han hecho en otros países con temas como los holigans: vamos a quedarnos un tiempo sin futbol.

Yo sí creo que la violencia en nuestros estadios de futbol es un problema bastante grande.

¿Por qué? Porque pocas cosas pueden ser más sagradas en este país que el futbol, porque estoy convencido de que este conflicto se relaciona con otros y porque jamás veremos una solución de verdad.

Hablemos de futbol. Algunas personas lo ven como el más sano de los entretenimientos. Otras, como un macabro ejercicio de distracción ideológica.

Sea como sea, el futbol es maravilloso y su impacto, indiscutible.

Por eso me hace mucho ruido lo que pasó el fin de semana pasado en el estadio Jalisco.

¿No se supone que la afición mexicana es la mejor del mundo, que siempre nos portamos bien, que vamos a los partidos en familia y que lo primero que defendemos son nuestros valores?

Pues esas escenas que le dieron la vuelta al mundo no tenían nada que ver con eso. Eran todo lo contrario, las de una afición violenta, salvaje y asesina, totalmente ajena al más mínimo espíritu familiar, cínica, sin escrúpulos y sin valores.

¿Por qué es importante decir esto? Porque alguien nos está mintiendo y precisamente por tratar de hacernos creer algo que no somos, a la hora de la toma de decisiones en materia de protección y de seguridad, ocurren catástrofes como la de Guadalajara.

¿A quién se le iba a ocurrir tomar medidas drásticas para impedir el sobrecupo de un estadio si somos muy buenos, muy lindos y muy bien portados?

¿A quién se le iba a ocurrir convocar a un cuerpo específico de policías antimotines si se supone que los mexicanos defendemos los más altos valores, que vamos a los estadios con nuestros hijos y que les enseñamos a respetar la práctica de este deporte?

¡Puras mentiras! De un tiempo a la fecha, ir al futbol es ir a exponer la vida, a recibir malos tratos, a escuchar groserías, a ver gente borracha y encuerada, a pagar mucho por los peores productos, a que le vean a uno la cara dándole los peores servicios y hasta a salir salpicado de orines.

¿Por qué no lo denunciamos? ¿Por qué no lo decimos? ¿Sabe por qué? Porque eso sería un atentado contra 14 mil negocios vinculados al futbol mexicano. Ahí está el problema.

Si no somos capaces de decir la verdad sobre algo tan obvio, jamás se va a corregir.

Y si así somos con algo tan básico y tan cotidiano, ¿cómo seremos para otras cuestiones superiores? ¿Cómo aspiramos a que otras irregularidades se corrijan si jugamos a ocultar la verdad? ¡Cómo!

El gran problema del futbol mexicano es que ya no es como era antes, ya no es un deporte.

Ahora es parte de un complicadísimo engranaje empresarial saturado de intereses y dominado por líderes que a lo mejor son muy buenos para los números, pero que siguen mirando este negocio como en 1955.

¿En qué cabeza cabe pensar que la mejor mercadotecnia para el futbol del siglo XXI es la sustitución de nuestras tradicionales porras por la importación de algo tan peligroso como las barras?

¿Qué clase de visión puede tener una persona que, en lugar de elevar el nivel de la experiencia en los estadios, tal y como está pasando en otras partes del planeta, crea que lo mejor es abaratarla?

¿Por qué aquí casi no estamos aprovechando ni la evolución de la mercadotecnia ni el desarrollo tecnológico para hacer otra clase de negocios, para acercar a otro tipo de marcas a los partidos o, cuando menos, para la venta de boletos y artículos promocionales?

¿Sabe cuál sería la única manera de solucionar esto? Haciéndole como le han hecho en otros países con temas como los holigans: vamos a quedarnos un tiempo sin futbol. ¿Cuánto? Un año.

Nada de que vamos a correr al primer burócrata que se deje, nada de que vamos a solicitar más policías o a jugar a puerta cerrada: un año sin futbol para que todos aprendamos.

Por supuesto, esto jamás va a pasar. Si México se queda un año sin futbol, se viene abajo el país además de que es algo que nuestros empresarios jamás van a permitir.

¿Ahora entiende cuando le digo que esto no se va a resolver? Lo van a utilizar para sus muy particulares campañas de desprestigio y lo van a parchar como se han parchado tantas irregularidades por todos conocidas.

Yo sí creo que la violencia en nuestros estadios de futbol es un problema bastante grande y ni una ley, de ésas que jamás respetamos, lo va a solucionar. ¿O usted qué opina?

¡Atrévase a opinar!  alvarocueva@milenio.com